viernes, 19 de enero de 2007

Domingo III Tiempo Ordinario (C)

21-1-2007 DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (C)
Nehm. 8, 2-4ª.5-6.8-10; Slm. 18; 1ª Cor. 12, 12-30; Lc. 1, 1-4; 4, 14-21
Queridos hermanos:
En el día de hoy tenemos varias celebraciones:
- Desde el día 18 hasta el 25 de enero celebramos la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Sabéis que los cristianos estamos divididos en católicos, ortodoxos y protestantes, y entre estos últimos hay luteranos, anglicanos, episcopalianos, calvinistas, evangelistas, baptistas y un largo etcétera. Todos confesamos a Cristo como nuestro Señor, como el Hijo único del Padre, pero… estamos divididos entre nosotros. Por eso, desde hace ya tiempo los cristianos oramos, especialmente en esta semana que precede a la festividad de la conversión de S. Pablo (día 25 de enero), para que el Señor nos conceda la tan ansiada unidad. Ya la pedía Jesús cuando le faltaba poco para su Pasión y Muerte: “Padre santo, guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno, como tú y yo somos uno (Jn 17, 11). Asimismo se pide esta unidad en aquellas bellas palabras de S. Pablo, cuando decía que existe “un solo Señor, una sola fe, un bautismo, un Dios” (Ef. 4, 5-6). O también aquello que se nos dice en la segunda lectura que acabamos de escuchar: “Todos nosotros hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu” (1ª Co. 12, 13).
- Del mismo modo celebramos hoy el domingo tercero del tiempo ordinario con unas lecturas que nos hablan de la misión que inicia Cristo Jesús entre nosotros; El ha sido enviado por el Padre. Así, se dice claramente en el evangelio cómo Jesús no se quedó encerrado en su propia naturaleza divina, en sus propios dones, sino que, fiel al Espíritu que lo impulsaba, comenzó a realizar la misión para la que el Padre lo había destinado: “’El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el año de gracia del Señor.’ Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: - ‘Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.’” (Lc. 4, 20-21). Jesús tenía una misión a favor de los hombres: anunciar la Buena Noticia a los pobres, anunciar libertad a los presos y a los oprimidos (presos y oprimidos por su egoísmo, por su vida mediocre, por su vida familiar atormentada, por los maltratos físicos y psíquicos…), dar vista a los que no ven, y anunciar el año de gracia-perdón-alegría de Dios.
También nosotros, como cristianos, como seres humanos, tenemos nuestra misión en esta sociedad, en la Iglesia. El otro día me preguntaba una persona cómo debía hacer para dar testimonio en su familia, en su trabajo… ante los demás. Comprendía todo lo que Dios le había dado y le daba, y que no podía quedar encerrado dentro de sí. Sintió esto mucho más urgentemente porque hace unos días murió una persona de su entorno laboral y acudieron al funeral todos los componentes del departamento en donde trabajaba. La mayoría eran ateos y en la Misa no hicieron la señal de la cruz, no rezaron el padrenuestro, no contestaron a las oraciones del sacerdote, no cantaron, a la Consagración se quedaron de pie, nadie acudió a comulgar. Esta persona, como los demás…, tampoco. Y se dijo: “Si yo hubiera estado en la Misa habitual dominical de mi parroquia, sí que hubiera ido a comulgar y hubiera cantado y contestado y... ¿Por qué no lo hice? ¿Me avergüenzo de Dios y de mi fe ante los demás? ¿Qué tengo que hacer? ¿Actuar como en mi parroquia, aunque luego me tomen ‘por el pito del sereno’ en mi lugar de trabajo?”
En la segunda lectura de hoy se nos dice que la Iglesia se asemeja a un cuerpo, en donde cada uno tiene una misión que cumplir. Las manos tienen sus propias misiones, lo mismo que los ojos o los oídos o el corazón o las piernas. Pues bien, en la Iglesia sucede lo mismo: una es la misión del sacerdote, otra la del obispo, otra la del catequista, otra la del responsable de Cáritas, o la del sacristán, o la del seglar casado, o la del seglar que trabaja en un hospital o en una oficina o en casa o en un colegio o… Cada uno de nosotros tenemos una misión que cumplir en esta sociedad y en esta Iglesia. Hemos de descubrirla, pero hemos de tener en cuenta que la finalidad de nuestra misión es similar a la de Cristo. Repito lo que decía más arriba: anunciar la Buena Noticia a los pobres, anunciar libertad a los presos y a los oprimidos (presos y oprimidos por su egoísmo, por su vida mediocre, por su vida familiar atormentada, por los maltratos físicos y psíquicos…), dar vista a los que no ven, y anunciar el año de gracia-perdón-alegría de Dios.
- El pasado día 7 de enero, festividad del Bautismo del Señor, en la Catedral de Oviedo, firmaba nuestro Arzobispo el decreto por el que se convocaba el próximo Sínodo Diocesano. El anterior había sido en 1923. En estos tiempos también tenemos una misión que cumplir en la Iglesia que camina en Asturias. En la carta pastoral convocando al Sínodo D. Carlos nos marca el camino a seguir con pistas a desarrollar, pero también para inventar y profundizar nuevos caminos de anunciar el Evangelio a todos los hombres que habitan en Asturias. La carta pastoral se puede encontrar en la página Web de la Archidiócesis: http://iglesiadeasturias.org/
Voy a resumir algunos de los puntos que D. Carlos nos menciona en su carta pastoral:
- El Código de Derecho Canónico nos dice qué es un Sínodo Diocesano: “Es una asamblea de sacerdotes y de otros fieles escogidos de una Iglesia particular, que prestan su ayuda al Obispo de la Diócesis para el bien de toda la comunidad Diocesana” (canon 460). Por tanto, se trata de una reunión de algunos sacerdotes y de algunos fieles de la Archidiócesis de Oviedo y su finalidad es ver de qué manera se puede anunciar, aquí y ahora, el evangelio de Cristo.
- D. Carlos propone tres momentos fundamentales en este Sínodo:
1. Preparación espiritual.
2. Elección de temas como fruto de esa preparación espiritual a través de unas proposiciones.
3. Toma de decisiones en cuanto a líneas de fuerza, acentos, tareas para el camino que tiene que realizar en los próximos años, la Iglesia particular para anunciar a Jesucristo
- El tiempo de preparación espiritual tiene que tener el mismo dinamismo que tuvo la llegada del Señor a este mundo. El Señor propuso estas armas de trabajo para hacerlo: la oración, el ayuno y la limosna, es decir, el situarnos en el horizonte y en el diálogo abierto con Dios, en el olvido de uno mismo y en el ejercicio radical de la caridad, hasta dar la vida. En este tiempo de preparación espiritual nos propone dos ejercicios:
1. Nueva llamada a la misión, desde la conversión, con estas propuestas: Debemos situar en el centro: a) la Palabra de Dios; b) la Eucaristía; c) la Caridad, como expresión del compromiso que nos regala la Eucaristía.
2. La misión experimentada, aprendida y comprendida, siguiendo al buen Pastor con estas exigencias: a) centralidad de la penitencia; b) centralidad de la comunión para hacer creíble el Evangelio.
- En el tiempo de elección de temas se dará un elenco de temas posibles a tratar y a decidir después en la Asamblea Sinodal, incluso con decisiones que tengan normas canónicas. Estos temas posibles a estudiar, se darían antes de la Asamblea al estilo de un documento como se hace en los Sínodos universales, con unas proposiciones a estudiar y trabajar.
- En la tercera fase, haremos la Asamblea Sinodal, tal y como lo describe el derecho de la Iglesia.

5 comentarios:

ALOYA dijo...

¡ Vaya homilía ! Cuantos temas tan importantes y como siempre, tan bien definidos.
La unidad de los cristianos, la veo muy difícil. Tengo una visión un tanto particular del tema. Me tranquiliza pensar que como Cristo está en todo y en todos, incluidos los hermanos " equivocados " solo desde la tolerancia, el respeto y solidaridad podremos seguir caminando juntos, pero llegar a un punto de inflexión me parece muy difícil. No obstante para Dios nada hay imposible. Sí, me llama la atención, que los hermanos anglicanos, baptistas, etc., son muy solidarios dentro de su núcleo y comparten con su pastor todos los aspectos cotidianos de sus vidas y no digamos en los temas económicos, donde la comunidad asume sin problemas los gastos de la iglesia.
En cuanto a la presencia de Jesús en nuestras vidas... Jesús está en presente en todos y cada uno de nosotros,siendo responsables de que el rostro de Jesús adquiera infinitos matices, embellecido por las buenas obras o afeado por las malas, sonriente o lloroso, según, nosotros los humanos le tratemos.
Entiendo lo que le sucedió a esa persona que tuvo vergüenza en la Iglesia, corren tiempos donde determinadas actitudes no son bien admitidas socialmente y pueden dar lugar a la marginación. Pero con los años... se aprende al menos, a hacer ostentación de la fe y por experiencia propia, cuando he tenido que hablar con alguien que carecía de ella y pasaba un mal momento o no, me alegraba especialmente pedir por él y decírselo. Todavía nadie rechazó mi modesta oración, lo que me anima a seguir, porque también en esto hay mucho fantasma y puede ser que los que dicen no tener fé, estén en la misma situación que nuestro protagonista, es decir, tienen vergüenza de manifestarse y reconocer en público que algo se mueve dentro de sus " duros " corazoncitos, por el que dirán...
Tengo mucho interés en el Sínodo y en las aportaciones que nos depare a la Iglesia asturiana. Es un reto y como tal, implicará un trabajo árduo y apasionante y me temo, que entre otros, a D. Andrés, le "tocará" una parte notable de ese trabajo, rezaremos para que sus jornadas no pasen a ser de 27 o 28 horas diarias.
ALOYA

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos:

Hace año y medio me tocó vivir una situación parecida a la de la anécdota que contabas sobre el miedo a manifestar y demostrar nuestra fe.

Un funeral por una persona a la cual me unió siempre la amistad a pesar de no ser creyente, había personas del trabajo, muchas muchísimas casí todas me conocían. Se rezó un rosario antes de la misa, nadie rezó, tan solo unas mujeres y yo, nadie participaba de la misa tan solo unas mujeres y yo, nadie se arrodilló en la consagración solo unas mujeres y yo, nadie comulgó tan solo unas mujeres y yo.

A la salida del funeral fuimos al cementerio y allí alguno me tiró alguna indirecta a la cual yo respondí.

Al regreso volví con un cliente el cual había venido conmigo en mi coche, tampoco era creyente pero me respetaba, le dije:

Como no iba yo a comulgar en el funeral de mi amigo,las indirectas de alguno me las paso yo....

Y no es que yo siempre de la talla ni me crea más que nadie, es que entiendo que no puedo avergonzarme de Dios y de Jesucristo, porque yo si ellos siento que ya no soy nada y nada quiero sin ellos, ni tan siquiera la vida.

Un abrazo Don Andrés.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

Anónimo dijo...

¡Que bien, que gozo! el encuntro con el Señor este domingo y todos los domingos que nos permite encontrarnos con EL a través de la mediación en la persona de Don Andrés.
Yo le doy gracias al Señor que me permite y que nos permite a todos los que nos encontramos celebrando la Eucaristía con esta mediación. El Señor a través de Don Andrés nos escucha, nos perdona, nos amina, nos impulsa a caminar y a seguir adelante a pesar de ser victimas de esa opresión y de esa falta de libertad ( psiquica , fisica etc.etc....) de la que nos hablaba en la homilia.
Una vez mas me hace tomar conciencia de la misión que el Señor me ha dado y encomendado por la unción en el bautismo.
Hoy lunes estuve nuevamente haciendo oración con esta parte de la homilia y me ha fortalecido e impulsado a seguir adelante.
Cuento con su oración y la de todos los que buscamos al Señor para que no nos dejemos atar y rompamos con la GRACIA DEL SEÑOR con aquellas cadenas que nos atan Y asi poder "Hechar a andar".
GRACIAS DON ANDRES

Pepitina dijo...

¡¡Cuánto cariño y agradecimiento al Señor a través de los dones que has recibido de Dios, Padre Andrés, y que constantemente pones a nuestros servicio de tantas maneras!!
Es edificante además, enriquecernos de los efectos que la Palabra de Dios nos permite compartir desde nuestros pobres comentarios por medio de este blog; es una pena que halla voces que aún no se expresen y compartan...
¡¡cuánta riqueza la de la Iglesia!! como muestras en esta homilía, Pater, que nos permite ir “orando” la acción del Espíritu sobre ella, durante la semana, desde sus diversas celebraciones y nos invita a profundizar en cada una de ellas, ¡tan distintas! y tan unidas entre sí.
No hay duda de que ese mismo Espíritu que ungió a Jesús para anunciar el evangelio es el que nos envía y fortalece a nosotros también, para cumplir nuestra Misión-la de Jesús- anunciándoLE allí donde estemos. La fuerza de este pasaje es impresionante:”hace oir a los sordos y hablar a los mudos”:-abre mis oídos y suelta mi lengua ante los que no tienen voz-, como nos recuerda el lema de este año el Octavario de oración por la Unidad de los Cristianos. No tiene desperdicio la curación del sordomudo que Mc. nos presenta y nos enseña a orar desde los distintos sentidos.
Ese Espíritu que nos sigue ungiendo HOY- como a Jesús en la Sinagoga, nos envía a esa Iglesia universal que pide Oración por la Unidad ¡tan importante a todos los niveles!-y de la que tan poco se ha hablado en algunas parroquias -y también nos envía a nuestra Iglesia particular de Asturias a trabajar –desde el lugar de cada uno/a- en la etapa de preparación que está viviendo al comienzo del Sínodo.
Reconociendo que yo no era partidaria de la celebración del Sínodo, como sabes, sé que el Espíritu está en Su Iglesia y en el confiamos todos; precisamente la falta de unidad entre los creyente y sobretodo entre los sacerdotes, era la razón que yo aludía para intentar solucionarla con un Sínodo..pero el Espíritu actuará. Hace unos dias escuchaba
a un sacerdote decir que encontraba excesivo el tiempo dedicado a la preparación del Sínodo y yo pensaba en lo importante de esta fase desde las palabras del arzobispo: ”El tiempo de preparación espiritual tiene que tener el mismo dinamismo que tuvo la llegada del Señor a este mundo. El Señor propuso estas armas de trabajo para hacerlo: la oración, el ayuno y la limosna, es decir, el situarnos en el horizonte y en el diálogo abierto con Dios, en el olvido de uno mismo y en el ejercicio radical de la caridad, hasta dar la vida.” Sin esto en profundidad, ¿para qué un Sínodo?

María Cristina dijo...

Andrés hoy mientras viajaba leí de nuevo la homilía que había escuchado de ti en la Eucaristía y me hace mucho bien lo que nos dices: "Mi conversión personal solo puede darse desde la llamada de Dios y mi encuentro con él. Como el Profeta yo también me siento con labios impuros.

Gracias por ser tan radical en las exigencias que nos haces para seguir a Jesús.

Confío en tu oración para vivir esto y oro por ti y por todos los que somos ayudados espiritualmente por ti para que trabajemos esto día a día. Un beso. Esperando de nuevo tu homilía.

Cristina