2018 HOMILÍA DE
PRIMERAS COMUNIONES
VALORES
* Hace
algunos años, en las Olimpíadas para personas con discapacidad de Seattle
(Estados Unidos), también llamadas Olimpíadas especiales, nueve participantes, todos
ellos con una deficiencia mental, se alinearon para la salida de la carrera de
los cien metros lisos. A la señal todos partieron, no exactamente disparados,
pero con deseos de dar lo mejor de sí, terminar la carrera y ganar el premio.
Todos, excepto un muchacho, que tropezó en el piso, cayó y rodando comenzó a
llorar... Los otros ocho escucharon el llanto, disminuyeron el paso y miraron
hacia atrás. Vieron al muchacho en el suelo, se detuvieron y regresaron...
¡Todos! Una de las muchachas, con síndrome de Down, se arrodilló, le dio un
beso y le dijo: “Listo, ahora vas a
ganar”. Y todos, los nueve competidores entrelazaron los brazos y caminaron
juntos hasta la línea de meta. El estadio entero se puso de pie y en ese
momento no había un solo par de ojos secos. Los aplausos duraron largos
minutos. Las personas que estaban allí aquel día, repiten y repiten esa
historia hasta hoy.
Aquellos chicos, ¿lo hicieron bien o lo hicieron mal?
DEPENDE. Si lo que prima es ganar, entonces lo hicieron muy
mal. Si lo que prima es quedar el primero, lo hicieron muy mal. Si lo que prima
es uno mismo, y no los otros, entonces lo hicieron muy mal.
¿Qué valores
había en aquellos chicos que corrían esa carrera? ¿El egoísmo o la compasión?
¿El ganar a toda costa o el compartir un deporte? ¿El quedar el primero, el
salir en la foto, el ganar una medalla (mejor la de oro que la de plata, mejor
la de plata que la de bronce)? ¿La soberbia o la humildad?
¿Qué valores tengo yo en mi vida? ¿Qué es lo más
importante para mí? Porque, según los valores que yo tenga y que sean más
importantes para mí, entonces serán esos valores los que, consciente o
inconscientemente, trasladaré a mis hijos; en esos valores educaré a mis hijos.
* Durante este curso
una catequista dijo a los niños que era más importante lo que se aprendía en la
catequesis que lo que se aprendía en la escuela; que era más importante la
catequesis que la escuela. Esto me lo comentó una madre y me dijo que no estaba
de acuerdo. Que lo más importante era lo que se daba en la escuela. ¿Qué
pensamos nosotros? ¿Es más importante lo
que se aprende en la escuela o en la catequesis? Yo afirmo que todo es
necesario, que las dos cosas son importantes. ¿De qué me sirven las
matemáticas, el inglés, las ciencias… si no hay valores humanos y religiosos,
que regulen y articulen todos los conocimientos que adquiero a lo largo de la
vida? ¿De qué me sirven los valores humanos y religiosos… si me niego a
aprender o a escuchar lo que otros tienen que decirme del mundo que me rodea?
Por todo esto, yo afirmo que las dos cosas (escuela y catequesis) son
importantes. No son ni deben ser enemigas entre sí; no son ni deben ser
antagónicas entre sí, sino aliadas. No debe ser un “o esto o lo otro”, sino un “esto Y lo otro”.
También en este curso
a la entrada del catecismo me encuentro con un niño, que lo acompañaba su
hermana mayor, la cual había hecho la 1ª Comunión, pero no había vuelto ni al
catecismo de poscomunión ni a las Misas de los domingos, y le pregunté que por
qué no venía a la Misa. La niña se puso toda colorada, bajó la cabeza y no me
contestó. Luego supe que se lo había contado a su padre, el cual, molesto
conmigo, había comentado que había que respetar las ideas personales (se
refería a la idea-decisión de su hija, que no había querido volver ni al
catecismo ni a la Misa de los domingos). Cierto, pero entonces ¿por qué este
padre bautizó a los hijos sin respetar sus ideas personales? ¿Por qué les manda
al catecismo sin respetar sus ideas personales o a la escuela sin respetar sus
ideas personales…?
En definitiva, desde
mi punto de vista no estamos hablando aquí de respetar las ideas personales
(que está muy bien), de qué es más importante (si la escuela o la catequesis),
sino de qué valores deseo tener en mí y qué valores deseo inculcar a los hijos.
* Los valores se inculcan con las palabras, pero también con los hechos y
con el ejemplo.
Existen los valores de
ser los primeros, los mejores, los más fuertes, los más listos, los más ricos,
los que más tienen, los más morenos, los más divertidos, los que mejor comen,
los que corren más rápido o más lejos (coches, viajes, experiencias…).
También hay otros
valores: los de la compasión, la comprensión, la paciencia, el perdón con los
que se equivocan, la honestidad, ser trabajadores, constantes, decir siempre la
verdad, no lastimar ni herir a otros gratuitamente, compartir, hablar lo bueno,
aprender, enseñar…
Pero
es que también existen valores religiosos. * Para algunos los valores
religiosos consisten simplemente en que Dios existe, pero Él está arriba y
nosotros abajo. Él tiene poco que ver con nosotros. * Bautizarse (echar agua en
la cabeza en una iglesia o capilla, hacer una fiesta y que escriban en el libro
parroquial el bautizo para más adelante). * Hacer la 1ª Comunión y desaparecer.
* Ir a la fiestas del pueblo (el Carmen, san Isidro, los Mártires de La Roda,
el Festón…);… ¿Bastan estos valores religiosos para nosotros y para los niños?
Hay
otros valores religiosos mejores y más profundos: * orar, confiar y amar diariamente a ese Dios que nos ha creado y nos ama. * Leer, conocer, reflexionar y tratar de aplicar a nuestra vida la
Palabra de Dios, es decir, las cosas que Dios mismo nos ha enseñado y que
están en el libro sagrado de la Biblia; * compartir
la fe semanalmente cada domingo con
otros cristianos; * sentir a Dios
cerca de nosotros: cuando nacemos o nacen otros, cuando se contrae
matrimonio, cuando alguien fallece, cuando estamos en la vida de cada día…
Termino con un ejemplo
que viene a iluminar todo lo dicho hasta ahora. Este ejemplo, los que venís a
Misa habitualmente, ya me lo habéis escuchado, pero –repito- viene muy bien
ponerlo de nuevo aquí. Este ejemplo, que está probado científicamente, trata de
responder a la pregunta si es suficiente lo material para llevar una vida
humana satisfactoria o es necesario, además, otros componentes (valores) de
tipo afectivo, psicológico, espiritual… Vamos a coger a un niño y le vamos a
dar todo, materialmente hablando, lo que necesite: comida, ropa, techo,
escuela, medicina, juegos, viajes, móvil, dinero… Poned aquí todo lo que
queráis, pero… no se le va a dar ningún abrazo, ningún beso, ninguna palmada de aprobación, ninguna
palabra cariñosa, ningún ‘te quiero’… Al final, dicen los psicólogos y
psiquiatras, este niño estará mal y quedará destrozado para siempre en su vida
de joven y de adulto. Con esto quiero decir que lo material es necesario, pero
otras cosas menos visibles (amor, confianza, fe…), es decir, valores humanos y
religiosos son también, no sólo necesarios, sino imprescindibles.
Termino:
Cuando queremos que nuestros hijos hagan la 1ª Comunión, ¿qué valores deseo
inculcar en ellos y que vivan?
Cuando
queremos que nuestros hijos coman a Jesucristo, el Hijo de Dios, ¿qué valores
deseo inculcar en ellos y que vivan?
Pero
no nos quedemos ni nos detengamos en los niños. Vayamos a nosotros mismos: ¿Qué
valores vivo yo? Pues esos valores, humanos y religiosos, que vivo y hago míos,
son los mismos que estamos enseñando, de palabra y de obra, a los niños.
Real como la vida misma.Que les falta hoy a los niños?.la mayoría tienen de todo,y encima se aburren.Que les falta? muchas veces atención,buenas palabras,un aplauso,o una palmadita en el trasero a tiempo,les falta el compartir,el oír la palabra de Jesús y de María.Pero de quién es la culpa que ocurra esto?.De los padres.Para mí,la norma era la escuela y la iglesia,nunca se me ocurrió decirles a mis padres hoy no tengo ganas de ir. Jamás. porque era lo que teníamos que hacer.Muy bien explicado padre Andrés,hoy las familias de los niños que hacen la primera comunión,muchos de ellas se van a gastar lo que no pueden.Grandes vestidos,y trajes, a ver quién va más elegante,y el restaurante !!!.Total como una boda.Lo pienso así,y lo digo.La cosa más importante se convirtió en recibir regalos.Creo que ya puse bastante,espero no ofender a nadie.pero lo pienso así.Un abrazo,y que estos niños,sigan a Jesús durante su vida.es el regalo más importante,nos llena de todo.
ResponderEliminarMuchas gracias D.Andrés por esta homilía, en la que no se ha podido hablar mas alto, mas claro, y con mas valentía.
ResponderEliminarEs necesario predicar, pero mas necesario aún el enseñar, y sobretodo aprovechar la Palabra de Dios para educarnos, para que a través de ella podamos descubrir donde y como obtener grandes logros en la vida, y ser felices.
Puede ocurrir, como apuntaba el sacerdote, que la manera de educar a nuestros hijos y nietos, suele ser, dándoles todo aquello que desean, hacerles fácil la vida, y que sean mas que nadie; que no se dejen pisar; tambien les damos mas cosas y mas extraescolares por nuestra propia comodidad, por nuestro egoismo, así los niños están entretenidos y no nos molestan; y nos olvidamos con mucha frecuencia de que necesitan nuestra atención, que les dediquemos tiempo, que ls demos cariño; y entre palabras amables y caricias enseñarles los grandes valores que Jesús nos enseñó, y de los que somos testigos de que funcionan, y hacen a nuestros niños y jóvenes mas felices y solidarios. Nunca se pierde el tiempo que dedicamos a esta tarea.
Muchas gracias de nuevo a D. Andrés.
Un abrazo a todos, y que llevemos a la práctica, con la ayuda de Dios, todas estas enseñanzas
D.Andrés, muy buena homilía; no se puede decir mas, mejor y mas alto, en tan corto espacio de tiempo, tocando puntos muy concretos en una celebración tan importante; los valores, algo que parece estar desapareciendo en nuestra sociedad, y que sin embargo debería ser lo primero que inculcáramos a los niños y jóvenes; claro está que , siempre que los adultos los pongamos en practica.
ResponderEliminarLe felicito por su valentia, por su claridad y sencillez al enseñarnos a través de la Palabra de Dios; por la formación que imparte a sus feligreses, y poner todo su empeño en conducirnos hacia las "Aguas tranquilas y verdes praderas".
Gracias, muchas gracias; que El Señor le bendiga