domingo, 19 de abril de 2026

Domingo III de Pascua (A)

 19-4-26                                   DOMINGO III DE PASCUA (A)

Hch.2, 14.22-33; Slm. 15; 1 Pe. 1, 17-21; Lc. 24, 13-35

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio

Queridos hermanos:

            El evangelio de hoy nos narra el episodio de los discípulos que huían de Jerusalén a Emaús. Jesús había muerto de mala manera y estos dos discípulos tenían miedo que a ellos también les tocara algún golpe. Por eso escapaban de aquella zona…

            Hoy, el evangelio tiene varias claves, pero yo me voy a fijar solo en estas: 1) Desilusión y frustración de los dos discípulos: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto”. 2) La explicación de Jesús hace que sus corazones ‘ardan’ de emoción: “Ellos comentaron: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” 3) Al reconocer a Jesús, regresaron inmediatamente a Jerusalén y se convirtieron en mensajeros de lo que habían visto y oído.

            También hoy quiero buscar si estas claves del relato evangélico se dan en nuestros días. Y voy a hacer esta tarea de la mano de los Papas que hace unos años fueron canonizados: Juan XXIII y Juan Pablo II. A ellos les tocó vivir en épocas muy duras: la segunda guerra mundial, millones de muertos, odios, hambre, divisiones, persecución…, y fueron capaces de hacer ‘arder’ los corazones y los espíritus de tantos seres humanos dándoles un sentido a sus vidas y haciéndoles sentir amados y queridos de Dios. Estos Papas fueron mensajeros de Cristo, de Dios con sus palabras y con sus hechos. Vamos a recordar algunos de ellos para que también ‘arda’ ahora nuestro corazón y nuestro espíritu, y tengamos ilusión, ganas de vivir y de hacer vivir a otros hombres a nuestro lado.

            - El Papa Juan XXIII fue un hombre que siempre se fijó más en lo bueno que en lo malo de las gentes y de las situaciones; se fijaba más en lo que unía que en lo que separaba. En cierta ocasión, cuando era nuncio en Francia tuvo que asistir a una comida y para ponerlo a prueba lo sentaron al lado de un hombre de izquierdas y anticlerical acérrimo. Todos los miraban de reojo y esperaban que, en cualquier momento, ‘saltaran chispas’ entre ellos. Pero todo el mundo se quedó muy sorprendido, porque estuvieron en animada conversación durante toda la comida. Al terminar y despedirse el futuro Juan XXIII del compañero de mesa, le dijo a este: ‘Total, que lo único que nos separa es la fe, porque en todo lo demás estamos Vd. y yo de acuerdo’.

- En otra ocasión, siendo nuncio en París, lo llevaron a un campamento militar a bendecir unas instalaciones. Luego le presentaron a un grupo de paracaidistas a quienes les habló un rato, terminando con estas ingeniosas palabras: No quisiera, muchachos, que olvidaran esto: que a fuerza de bajar del cielo, se olvidaran de subir a él...’

- Pero no pensemos que el futuro papa era un hombre simple. Al contrario, al llegar de nuncio a Francia tuvo que enfrentarse a una situación muy dura. El país había salido de la ocupación militar alemana, que había durado casi cinco años. Había habido muchas muertes, sufrimiento, traiciones, colaboraciones con los nazis. Incluso se acusaba por parte de mucha gente a unos 80 obispos que habían sido muy complacientes con los nazis. Ahora se exigía su destitución. El nuncio tuvo que mediar con caridad y firmeza entre unos y otros y, al final de su estancia en Francia, su labor fue reconocida por ambos bandos. Había sido un hombre de paz y de reconciliación en la Francia dividida y herida

            - Era el Papa Juan XXIII un hombre muy humano y sensible a las necesidades y problemas de los demás. Regresaba un día al Vaticano con su secretario después de haber visitado un asilo de ancianos y de haberles obsequiado algunos regalos. Al pasar por delante de una casa, el secretario, señalándola, le dijo: Santidad, en esta casa vive el profesor Lolli, redactor de L´Osservatore Romano (el periódico del Vaticano). Tiene a su mujer muy enferma. ¿No podría enviarle una bendición?’ El papa le contestó: Es difícil mandar una bendición por el aire, don Loris. ¿No es mejor llevársela personalmente?’ Sin avisar, como tantas veces hacía, estaba llamando a la puerta del redactor del diario para llevarle la bendición en persona...

            - Su sentido del humor eran de sobra conocido y, a diferencia de sus antecesores, le gustaba ser cercano y bromear con la gente a la que conocía. Hijo de campesinos, a menudo bromeaba con sus orígenes. Solía decir: ‘Hay tres maneras de perder el dinero en la vida: mujeres, apuestas y la agricultura. Mi padre eligió la más aburrida de las tres’.

- Una de las características del Papa fue su cercanía con el hombre común. Un hombre que no se acostumbraba a su posición. Según cuentan, durante sus primeros días como Papa, solía despertarse durante la noche con un problema en mente. Entonces, se decía a sí mismo: ‘Lo hablaré con el Papa’, pensando que seguía siendo cardenal. Hasta que se daba cuenta: ‘¡Pero si soy yo el Papa! Muy bien, entonces lo hablaré con Dios’.

- Una sencillez que se reflejó en otra ocasión, cuando un niño le dijo que de mayor quería ser o policía o Papa. Juan XXIII le dijo: ‘Si yo fuera tú, me metería a policía. Pueden nombrar Papa a cualquiera, ¡mírame a mí!’

- Ya para terminar con los ejemplos del Papa Juan XXIII escribiré a continuación algunos pensamientos suyos: * ‘Todos los días son buenos para nacer, todos los días son buenos para morir. Yo sé de Quién me he fiado’. * Poco antes de morir Juan XXIII dijo a su secretario particu­lar: ‘Hemos trabajado juntos, hemos servido a la Iglesia. No nos hemos parado a recoger las piedras que, de una y otra parte, nos lanza­ban, y no las hemos vuelto a lanzar a ninguno’. * ‘Solo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez. Solo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura; recordando que, como el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma. Solo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.  Solo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos procuraré que nadie se entere’.

            - El Papa Juan Pablo II, siendo aún el cardenal Wojtyla haciendo la visita pastoral a su archidiócesis, llegó a una parroquia, cuando el párroco estaba explicando el catecismo a un grupo de niños. Después de saludar a Cristo en el Sagrario, se dirigió a los niños y les preguntó: ¿Sabéis por qué he venido?’ Y un chavalín de siete años contestó con toda espontaneidad: Sí, yo lo sé. Para aprender algo’. Entonces el cardenal Wojtyla dijo: Tienes razón’. Y se sentó al lado del niño e indicó al sorprendido párroco que continuara con la explicación del catecismo.

            - En otra ocasión el gobierno comunista de Polonia, viendo que muy mayoritariamente los habitantes del país se declaraban católicos y practicaban en un porcentaje muy alto, quisieron impedir o al menos dificultar mucho la fe de los católicos y, entre las varias leyes que sacaron a la luz, una de ellas prohibía hacer procesiones por las calles detrás de imágenes de crucifijos, de la Virgen y de santos, so pena de fuertes multas y cárcel. En Polonia se veneraba con mucho amor a la Virgen Negra de Częstochowa. A los católicos (quizás al cardenal Wojtyla) se les ocurrió sacar en procesión no el cuadro de la Virgen Negra de Częstochowa, que estaba prohibido por el gobierno comunista, sino el marco del cuadro. Eso no estaba prohibido por la ley y en aquella procesión presidida por el futuro Juan Pablo II acudieron muchísimos más fieles que si les hubieran permitido sacar la imagen de la Virgen.

            - Asimismo sucedió que el gobierno polaco creó una ciudad nueva (Nowa Huta), moderna, con muchas casas nuevas y en donde no figuraba la presencia de ninguna iglesia o parroquia. Querían ejemplificar cómo sería una ciudad atea, sin Dios, y en donde todo funcionara maravillosamente. Allí que llevaron a los nuevos habitantes, quienes, al no ver iglesia alguna, fueron al obispo Wojtyla a comentarle el caso. Este habló con el gobierno, pero estos se mantuvieron firmes en su negativa. Entonces el obispo Wojtyla celebraba cada año la misa de Nochebuena en los campos cerca de Nowa Huta. Obtenida la autorización en 1967, el mismo arzobispo Wojtyla abre la primera zanja de la nueva iglesia, que sería edificada por los obreros en sus tiempos libres durante 10 años.

            - Termino con unas palabras del propio Juan Pablo II: “El día 13 de mayo de 1981, el día del atentado al Papa durante la audiencia general en la Plaza San Pedro, la Divina Providencia me ha salvado en un modo milagroso de la muerte. Aquel que es único Señor de la vida y de la muerte, Él mismo me ha prolongado esta vida, en cierto modo me la ha dado de nuevo. Desde este momento -mi vida- le pertenece aún más a Él. Espero que Él me ayude a reconocer hasta cuándo debo continuar este servicio, al cual me llamó el día 16 de octubre de 1978. Le pido que me llame cuando Él mismo lo quiera. 'En la vida y en la muerte pertenecemos al Señor... somos del Señor' (cf. Rm 14, 8). Espero también que, hasta que me sea dado cumplir el servicio de Pedro en la Iglesia, la Misericordia de Dios quiera prestarme las fuerzas necesarias para este servicio”.

miércoles, 8 de abril de 2026

Domingo II de Pascua (A)-Domingo de la Misericordia

12-4-26          DOMINGO II DE PASCUA (domingo de la Misericordia) (A)

Hch. 2, 42-47; Slm. 117; 1 Pe. 1, 3-9; Jn. 20,19-31

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio

Queridos hermanos:

            El evangelio de hoy nos cuenta nuevas apariciones de Jesús resucitado a sus discípulos. En la Vigilia Pascual del Sábado Santo Jesús se apareció a dos mujeres; hoy el texto de nos habla de las apariciones a sus apóstoles. Es un escrito muy rico y variado en significados. En el día de hoy hablaré de la fe.

            - Ante todo Jesús hace lo posible para ser reconocido por los apóstoles. No basta que vean su rostro. Para que tengan la total certeza de que es Él, Jesús “les enseñó las manos y el costado”: las manos, que aún tenían los agujeros de los clavos de la cruz; y el costado, que aún tenía la abertura hecha por la lanza romana. Jesús estuvo un tiempo con los diez apóstoles. Eran diez y no doce, porque Judas se había ahorcado y Tomás no estaba en la casa en aquel momento. Cuando Jesús se marchó y luego entró Tomás en la casa, ya le contaron lo que había pasado. El evangelio sólo nos dice esto: “Y los otros discípulos le decían: ‘Hemos visto al Señor’”. Pero, seguramente, que también le contaron que Jesús les había mostrado el costado y las manos, y que por eso se habían asegurado de que realmente era Él. Mas Tomás no podía creer que un muerto había resucitado. Ciertamente Tomás había sido testigo de cómo Jesús había devuelto la vida al hijo único de la viuda de Naín, cuando lo iban a enterrar; también había visto cómo Jesús había devuelto la vida a la hija de Jairo; y, finalmente, había visto cómo Jesús había devuelto la vida a Lázaro, pero, aún así, Tomás no creyó en el testimonio de sus compañeros, lo mismo que no creyó a aquellas mujeres que muy de mañana habían hablado de apariciones de ángeles, de tumbas vacías y de que habían visto y tocado al mismo Jesús. Por eso, dijo aquella frase tan famosa: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Tomás exige tres pruebas: 1) Ver los agujeros de los clavos en las manos de Jesús. 2) Meter el dedo por aquellos agujeros. 3) Meter la mano por el costado. Si no tiene esas tres pruebas, él no creerá que Jesús ha resucitado.

            - Hace unos años en el País Vasco se hicieron unas entrevistas a diversas personas preguntándoles si eran creyentes o no. Algunas de sus respuestas fueron éstas: * ‘Al entrar en la universidad surgió en mí y en mi generación una especie de gran dicotomía. Por una parte estaba el corazón, y el corazón era la familia, y por la otra la cabeza, y la cabeza era la racionalización. La pregunta era: ¿Hay Dios o no hay Dios? A partir  de 1970 la respuesta fue: «No hay Dios. Dios no se puede explicar. ¿Por qué tenemos que creer en Dios, si no se puede explicar?»’ * ‘Ahí está toda la parafernalia que se ha montado de la Trinidad y de la Virgen y todo eso. Como me dedico a la medicina, lo veo desde un punto de vista biológico y me parece imposible’. * ‘He estado en muchos sitios del mundo. He visto la miseria, la injusticia y todas esas cosas. Y, entonces, yo creo que no puede existir ese Dios que dicen que se encarna’. * ‘La religión es algo que no me ha llenado. Yo no noto un vacío. Mi tiempo creo que lo lleno bien. No echo en falta la religión’.

Otra persona, fuera de estas entrevistas en el País Vasco, opina así: ‘He leído la Biblia de principio a fin y no he encontrado vestigio alguno de algo parecido a Dios; solo he encontrado historias de un ente genocida, egocéntrico y vengativo; para mí es imposible llamarle Dios, al menos no desde un punto de vista razonable. Creo que si Dios realmente existiese, no me perdonaría que creyese que es el Dios de la Biblia [...] Para resumir, no creo en Dios, porque es imposible tener la certeza absoluta de saber qué quiere; no creo en milagros, creo en casualidades; no creo en el infierno ni en el paraíso, salvo aquel que pueda crear yo mismo. Por todo esto me siento más vivo y completo que nunca’.

            ¿Qué pruebas de la existencia de Dios tendría Jesús que dar a estas personas que piensan así? (Esto que voy a decir a continuación sólo vale –por supuesto- para los que tenemos fe). * Dios no tiene explicación y por eso no existe, dice uno. Sin embargo, cuando un día Dios se le muestre (no tengo duda que en algún momento lo hará). ¿Qué dirá esta persona?, pues seguirá sin haber explicación racional para la existencia de Dios. * A aquel que se dedica a la medicina, cuando Dios le muestre tantas cosas que, desde la biología, no pueden ser y, sin embargo, son… ¿Qué dirá cuando compruebe –y no biológicamente- que la parafernalia de la Trinidad y de la Virgen existe? * Al que ve tantas injusticias y, por ello, no puede creer en la existencia de un Dios que permite todo eso… ¿Qué dirá cuando compruebe que esas injusticias y miserias existen, no por obra y/o permiso de Dios, sino por obra de los hombres, y que es Dios quien actúa, directamente y a través de hombres, para atenuar y sanar esas miserias e injusticias? * Un hombre sólo nota el vacío en que vive, cuando puede comparar su vida de ahora con la plenitud que Dios nos da. ¿Qué dirá ese hombre al sentir la PLENITUD de su vida con Dios y lo pueda comparar con la ‘plenitud’ de su vida de ahora? * ¿Qué dirá ese otro hombre cuando comprenda que no leyó la Biblia de cabo a rabo, sino que leyó palabras, pero no profundizó en ellas, ni se dejó profundizar por ellas? ¿Qué dirá cuando vea claramente que tuvo un tesoro en sus manos y lo despreció por no darle el justo valor?

            - Una semana después de la conversación entre Tomás y sus compañeros, Jesús se presentó de nuevo ante todos ellos y, ya dirigiéndose sólo a Tomás, le ofreció sus manos y su costado. Ésas eran las pruebas que buscaba…, ésas eran las pruebas que Jesús le dio. ¿Y ahora qué? ¿En dónde estaban todas sus seguridades y sus explicaciones de que un muerto no vuelve a la vida? Todas sus palabras, sus seguridades se deshicieron como un azucarillo en el café. Ese tiempo de no creencia en Tomás duró una semana. Pero, ¿qué hubiera pasado si Jesús nunca le hubiera mostrado aquellas pruebas que exigió? ¿Qué hubiera pasado si Jesús hubiera tardado cinco años o veinte en dárselas? Pues hubiera sucedido que él no habría recibido el Espíritu Santo de Pentecostés, que se hubiera apartado de sus compañeros y de la naciente comunidad de cristianos, que muchos no hubieran nacido a la fe por su medio en la zona de la India y en otros países remotos, que no hubiera muerto mártir de la fe, sino en cama por ancianidad, que ahora no sería Santo Tomás… Por eso, Jesús le dijo a Tomás y nos dice a nosotros: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

            ¿Qué pruebas tiene que darnos el Señor para que creamos en Él? Dichosos los que creamos sin haber visto.

            ¿Qué pruebas tiene que darnos el Señor para que confiemos en Él? Dichosos los que confiemos sin haber visto.

            ¿Qué pruebas tiene que darnos el Señor para que amemos? Dichosos los que amemos sin haber visto.

viernes, 3 de abril de 2026

Domingo de Pascua (A)

5-4-26                                      DOMINGO I DE PASCUA (A)

Hch. 10, 34a.37-43; Slm. 117; Col. 3, 1-4; Jn.20, 1-9

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio

Queridos hermanos:

- Debemos empezar como terminábamos ayer la homilía sobre la pasión y muerte de Cristo; allí en la cruz Jesús estaba sólo, abandonado y muerto, o ya en el sepulcro, que es donde acaba todo. La última canción de la película de Jesucristo Superstar dice así: “Jesucristo, Jesucristo ¿de qué ha valido tu sacrificio?” Eso es lo que Él se preguntaba en aquellos momentos previos a su muerte. ¿Dónde estaba su Dios, dónde? Y también así quedaron los apóstoles: sin Jesús, abandonados a su suerte… Desde el sepulcro, Satanás arrastró consigo al cadáver de Jesús al ‘Sheol’, que es traducido al español en el credo por ‘descendió a los infiernos’. Pero ‘Sheol’ no es sinónimo de infierno, sino que es el lugar común de todos los muertos. Lo traduce bien el alemán cuando dice: ‘das Reich de Todes’, o el portugués cuando dice: ‘ã mansão dos mortos’, o en el mismo sentido está el credo en inglés. La Biblia llama infiernos, sheol, o hades (cf. Flp 2, 10; Hch 2, 24; Ap 1, 18; Ef 4, 9) a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios (cf. Sal 6, 6; 88, 11-13) (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 633).

Satanás había logrado una vez más su objetivo: que los hombres despreciasen el mensaje de Dios y que matasen a su único Hijo. Pero NO. Jesús no murió para siempre; Jesús resucitó al tercer día. Ni la tumba ni el ‘Sheol’ no fueron capaces de retenerlo. Cuando Jesús llegó a lo más hondo del ‘Sheol’, cuando estaba en el reino de la muerte, rompió las ataduras y abrazó a todos los que allí estaban y que habían esperado en Dios. A todos los justos, asesinados y a todos los despreciados los recogió Jesús y, al resucitar, es decir, al volver a la vida, pero no a la terrena, sino a la eterna, los llevó consigo.

            - Sí, hoy celebramos la resurrección de Cristo Jesús, y, con la suya, también la nuestra. Pero, ¿en qué consiste la resurrección? Pues en que una persona pasa de la muerte a otra vida nueva, pasa a una vida que no se acaba nunca, a una vida que no alcanza la muerte.

De acuerdo, puede decir alguien, ¿pero cómo sucede la resurrección? No lo sabemos. Podemos imaginarlo e intuirlo basándonos en la razón y en nuestra fe alimentada por la Sagrada Escritura: se detiene la corrupción del cuerpo muerto; pero sobre todo este cuerpo muerto se transforma en un cuerpo nuevo, y éste se llena de VIDA: Vida eterna, Vida superior, Vida distinta, Vida que capacita para VER las realidades espirituales: a Dios, a los ángeles, a los santos…; Vida que capacita para ver nuestra propia existencia terrenal anterior y a nuestros seres queridos…

¿Qué nos dice la Biblia de la resurrección de Cristo? Lo que el evangelio, que leímos en la Vigilia Pascual de este año, nos dice es lo que sucedió en torno a la resurrección de Jesús: hubo un temblor fuerte de la tierra, hubo una aparición de ángeles, los centinelas romanos puestos por los judíos y por Pilatos ante la tumba de Jesús temblaron de miedo y se quedaron como muertos, el sepulcro de Jesús estaba vacío, Jesús se apareció vivo a los discípulos… De aquí sacamos la conclusión de que Jesús resucitó: volvió a la vida, pero no sabemos cómo sucedió la resurrección. Los discípulos le vieron muerto colgando de la cruz, vieron cómo lo bajaron de la cruz y cómo lo metieron en el sepulcro. Comprobaron perfectamente cómo Jesús estaba muerto en la cruz, al bajarlo y al enterrarlo. Ahora, sin embargo, estaba vivo.

¿Qué provoca en los discípulos la resurrección de Jesús? Esa resurrección provoca también una serie de reacciones o frutos en los discípulos: * “Los centinelas
temblaron de miedo”
, pero el ángel habló a las mujeres y les dijo: “Vosotras no temáis”. Y el mismo Jesús se lo dice de nuevo al final de este evangelio: “No tengáis miedo”. Por lo tanto, el miedo desaparece de los discípulos, cuando Jesús resucitado está cerca. * “Alegraos”, les dice Jesús al aparecérseles, y el evangelio nos dice que efectivamente aquellas mujeres, que acudieron temprano al sepulcro de Jesús, se marcharon “llenas de alegría”.  La alegría forma parte de los discípulos que son ‘tocados’ por Jesús resucitado. * Los discípulos son contactados por Jesús, ya que él mismo les sale al encuentro. * Éstos pueden ‘tocar’ a Jesús. * Asimismo, los discípulos se convierten en misioneros que tienen que anunciar a otros la resurrección de Cristo Jesús.

También hoy, en abril de 2026, nosotros, discípulos de Cristo Jesús, sabemos por la fe que Él ha resucitado, pero no sabemos cómo fue la resurrección de Jesús.

Nosotros hoy, en abril de 2026, podemos experimentar con la resurrección de Cristo una serie de hechos en torno a ella: * La vida y la ilusión de tantos hombres que creen en Jesús y le siguen. * Los hombres y las mujeres que no tienen miedo de anunciar su mensaje, como el jesuita holandés que fue asesinado hace un tiempo en Siria, siendo él el último sacerdote católico que quedaba allí o también el ejemplo que nos dio una anciana en la Rusia comunista de Stalin: Éste quiso arrancar la fe y la creencia religiosa de todos los rusos, por lo que prohibió tributar culto a Dios bajo penas muy severas. En cierta ocasión la policía política comunista encontró a una mujer mayor haciendo oración y adoración ante un icono de Jesucristo. La policía le llamó la atención y le dijo: ‘Mujer, eso tienes que hacérselo a Stalin y no a Jesús’. A lo que la mujer respondió: ‘Sí, estoy dispuesta a hacerlo, pero sólo a partir del día en que Stalin padezca, muera y resucite por mí’. * Tantos ejemplos de personas anónimas que en Asturias (y en otros sitios de España y del mundo) actúan como catequistas gastando su tiempo, no en divertirse o hacer sus cosas, sino en enseñar a niños o jóvenes, o tantas personas que actúan como sacristanes, lectores, cantores en nuestras parroquias, o tantas personas que lavan, limpian, trabajan en las parroquias, en Caritas y en tantas organizaciones a favor de los demás, o tantas personas que ‘perdieron’ su tiempo en esta Semana Santa para adecentar los templos y preparar todo para que estuviera a tiempo.

Termino: ¿cuáles son los frutos que hemos visto o vemos en nosotros mismos por la resurrección de Jesús? Cada uno tendrá que hacer su propia lista…

jueves, 2 de abril de 2026

Viernes Santo (A)

3-4-26                                             VIERNES SANTO (A)

Is 52, 13-53,12; Slm. 30; Heb. 4, 14-16; 5, 7-9; Jn. 18, 1-19, 42

Homilía en vídeo. (Está mucho mejor la explicación en el vídeo que en el audio

Homilía en audio

Queridos hermanos:

            Cuando nos detenemos ante un crucifijo y contemplamos pausadamente aquello que está ante nuestros ojos...; cuando leemos el Evangelio y tratamos de profundizar en qué sucedió a Jesús, sobre todo durante su pasión, nos podemos dar cuenta de que los sufrimientos de Jesús en la cruz fueron de tres tipos:

            1) De tipo físico. Al introducirle tres clavos. Dos en las manos/muñecas otro clavo en los pies superpuestos.

La muerte de un crucificado se produce no por dolores..., no por la pérdida de sangre..., sino por asfixia. El cuerpo que cuelga de la cruz, con los brazos estirados, ejerce una presión sobre la caja torácica de tal modo que impide la respiración del crucificado, por lo que éste debe empinar­se sobre sus pies ayudándose del clavo que tiene en ellos. Así levantándose un poco puede tomar aire, pero esto le causa tal dolor en los pies que debe dejarse caer. En este momento los pulmones quedan nuevamente "aprisionados", por así decirlo, y vuelve a faltarle el aire y se ha de repetir la operación: alzarse sobre los pies, dolor extremo y dejarse caer. Esta agonía puede durar unas 6 horas (así sucedió en el caso de Jesús, según San Marcos), depende de la fortaleza del crucificado. Además, enseguida todo se agrava con calambres en los brazos, la angustia de quedar sin aire en los pulmones con la consiguien­te sensación de ahogo y la pérdida de sangre a través de las heridas que hace sufrir una sed atroz a los que padecen tal muer­te. De ahí que era normal tener algunas sustancias, como vinagre, que empapadas en una esponja servían en cierta medida para calmar y al mismo tiempo "anestesiar" o adormecer al reo.

            A veces, como una medida de gracia, para acortar el sufri­miento y la agonía, se les partía los huesos de las piernas con unas mazas de hierro o madera de tal modo que, al no poder empinarse sobre los pies, la asfixia total llegase en breves minutos y, por tanto, la muerte. Esto fue lo que hicieron con los dos ladrones crucifica­dos a los lados de Jesús.

            Se nos puede ocurrir una pregunta: ¿por qué Jesús murió antes que los otros que tenía a su izquierda y a su derecho? ¿Tal vez era menos resistente que ellos? No. Seguramente se debió al hecho de que Jesús había tenido el fenómeno de sudar sangre en el día anterior por la angustia y el terror ante lo que se le venía encima. Además, le había golpeado muy duramente los judíos en el Sanedrín. Y, por último, le había dado los 39 latigazos. Por todo ello, cuando Jesús llega a la cruz, estaba ya muy debilitado.

            2) De tipo psicológico y afectivo. Jesús vio cómo sus discípulos amados lo negaban, lo traicionaban, lo abandonaban. Jesús vio cómo la gente a la que él había curado, predicado, dado de comer, querido... ahora se volvían contra él y pedían su crucifixión o simplemente se volvían a sus casas desilusionados. Salvo Juan, los demás apóstoles no estuvieron con él a la hora de su muerte. Aquellos apóstoles a los que había escogido, enseñado, querido y mimado durante tres años, ahora no estaban.

            3) De tipo espiritual. Toda la obra de su vida se veía derrumbada. ¿Mereció la pena abandonar su Nazaret de la infancia para... nada? ¿Mereció la pena vivir en la incomprensión y remando contra corriente: contra su propia familia, contra sus conocidos, contra los apóstoles, contra toda la gente que le rodeó para... nada? Todo aquello por lo que había luchado desapareció en un instante.

            En la cruz Jesús grita: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Jesús experimentó el abandono de Dios. Dios se sintió abandonado por Dios. Jesús experimentó el silencio de Dios ante el sufrimiento de los hombres. ¿Dónde estaba el Dios del monte Tabor? ¿Dónde?

Jesús cargó sobre sí con todos nuestros pecados, con los pecados y dolores de todos los hombres y de todos los tiem­pos. Los pecados de las guerras, de los niños con hambre o maltratados, de los exterminios nazis y otros a lo largo de la historia; toda esa podredumbre la tomó sobre sí. Todo el odio de los hombres, todas las injusticias, las calum­nias, avaricias, egoísmos, soberbias, etc. de los hombres se cargaron sobre Jesús en este momento. Este sufrimiento es algo totalmente misterioso para nosotros y sólo sabemos de él por algunos trozos de la Escritura como cuando Isaías dice "traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros crímenes... tomó el pecado de todos..." (Isaías 53 5.8b).

            Sin embargo, las lecturas bíblicas nos traen una frase de sentido a su pasión y muerte, de esperanza, de resurrección: "Por eso Dios lo levantó sobre todo, y le concedió el 'Nombre-sobre-todo-nombre'; de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble -en el cielo, en la tierra, en el abismo-, y toda lengua proclame: 'Jesucristo es el Señor', para gloria de Dios Padre" (Flp 2, 9-11).