jueves, 26 de marzo de 2026

Domingo de Ramos (A)

 29-3-2026                               DOMINGO DE RAMOS (A)

Is.50, 4-7; Slm. 21; Flp. 2, 6-11; Mt. 26, 14-27, 66

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio.  

Queridos hermanos:

             - Voy a leeros una parábola de un autor extranjero, J. Ynara­ja: “En el reino de los cielos, dice el Señor, pasa como ocurrió un día que un niño se hizo daño. Acudió su madre, trató de expli­carle algo para consolarlo, pero el niño no hizo caso y, sin escucharla siquiera, continuó llorando amargamente. Las explica­ciones de la afligida mamá de nada le servían. Pero continuó a su lado y, aunque el niño lloró con más intensidad, no se apartó de su lado. Por fin, la madre no pudo resistir su incapacidad para ayudarlo y ella también se puso a llorar. El niño, poco a poco, se fue calmando, miró a su mamá primero extrañado, luego preocupado, le tendió su manita y hasta sonrió, pues había olvidado su dolor. Pronto, madre e hijo se abrazaron felices.

            En mi reino, dice el Señor, a menudo no puedo dar explica­ciones, a mí no me entienden, y por eso, en los absurdos acciden­tes, en las crueles enfermedades, en los trágicos asesinatos, en cualquier dolor o muerte, yo, el Señor, lloro con los que son víctimas del mal, sufro pasión en silencio, soy crucificado y muero yo también, hasta que llega el consuelo y se abren los ojos internos del espíritu y se ve en la eternidad todo el amor y el bien que les rodean.

            ¿Van a perder la fe mis hermanos pequeños porque no encuen­tran explicaciones?”

            Esta parábola nos señala el modo de enfrentarse Jesús con el dolor de los hombres. Él no viene principalmente a consolar a los hombres que sufren, a dar el pésame a los hombres que mueren, a condolerse por los hombres que pecan. Él viene a sufrir con los que sufren, a morir con los que mueren, a perdonar a los que pecan y pecamos. Por ello dice la 1ª lectura: “ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que mesaban mi barba. No oculté el rostro a insultos y salivazos”. O también la 2ª lectura dice: “Cristo, a pesar de su condición divina,... se rebajó hasta someterse incluso a una muerte, y una muerte de cruz”. Jesús no es de los que escapan al ver el peligro; al contrario, se presenta Él el primero con tal de desviar los golpes sobre sí mismo.

            - En este Domingo de Ramos os invito a entrar de lleno en la Semana Santa. En ella recordamos y vivimos los misterios centrales de nuestra fe cristiana. Son los hechos más sagrados y de donde nace la santidad de los hombres, de la Igle­sia.

            ¿Cómo podemos celebrar estos misterios? No basta con acudir a los actos religiosos. Hay que meditar los misterios de Cristo; hay que compenetrarse con sus sentimientos; hay que entrar en comunión íntima con Jesús, con su pasión y su resurrección. No basta con ser mero espec­tador. Tenemos un ejemplo de este padecer con Cristo en Santa Rita de Casia. El otro día rezaba el rosario por Gabriel (el Colaso) ante el altar de la Virgen del Carmen en la iglesia de Tapia y me fijé que al lado de la imagen de María está la imagen de Santa Rita de Casia. ¿Sabéis algo de su vida? En alguna ocasión os la narraré. Hoy sólo quiero fijarme en lo que aparece más a la vista: Santa Rita está vestida de monja agustina, lleva una cruz entre sus manos y tiene una herida en su frente. Veamos un trozo de su vida: Santa Rita meditaba muchas horas en la Pasión de Cristo, meditaba en los insultos, los rechazos, las ingratitudes que sufrió en su camino al Calvario. Durante la Cuaresma del año 1443 fue a Casia un predicador llamado Santiago de Monte Brandone, quién dio un sermón sobre la Pasión de Nuestro Señor que tocó tanto a Rita que le pidió fervientemente al Señor ser partícipe de sus sufrimientos en la Cruz. Santa Rita recibió una espina de la Corona de Espinas en su cabeza. El Señor no le dio más, porque no hubiera podido con ello. Y así estuvo hasta su fallecimiento.

            ¿Qué vas a hacer tú por Cristo Jesús en esta Semana Santa, sabiendo todo lo que Él hizo y hace por ti? Te exhorto, pues, a que en estos días medites más la Palabra de Dios, ores más ante el sagrario, ante la cruz y a que asistas a la Vigilia Pascual. Sin duda la celebración más importante de todo el año para nosotros los cristianos, ya que como dice S. Pablo: si Cristo no resucitó, es vana nuestra predicación y vana también nuestra fe […] además de inútil y nuestros pecados no han sido perdonados” (1ª Corintios 15,14.17).

            También te exhorto a vivir en estos días como vivió Él: sufriendo con el que sufre, oyendo al que no es escuchado, acompañando al que está solo, compartiendo tus bienes materiales con el que no tiene, perdonando al que te ha herido de cualquier modo…

jueves, 19 de marzo de 2026

Domingo V de Cuaresma (A)

22-3-2026                               DOMINGO V DE CUARESMA (A)

Ez.37, 12-14; Slm. 129; Rm. 8, 8-11; Jn. 11, 1-45

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio.  

Queridos hermanos:

            * La primera lectura y el evangelio de hoy nos hablan de muerte y de vida:

- El evangelio nos dice que Lázaro había fallecido y llevaba ya varios días en el sepulcro, y Jesús lo devolvió a la vida. En este caso se trata de una muerte física (la de Lázaro) y de una vuelta a esta vida física (también Lázaro es el beneficiario).

- Sin embargo, en la primera lectura el profeta Ezequiel habla de los israelitas que respiran, que comen, que trabajan, que duermen, que se levantan, que se casan, que tienen hijos, que celebran fiestas, que tienen enfermedades, que sanan…, pero, a pesar de todo eso, estos israelitas estaban encerrados y enterrados en sus sepulcros. Estaban muertos en vida. ¿Cómo puede ser eso? Entiendo que la explicación es la siguiente: La muerte es la extinción de la vida, pero esta extinción puede ser total (en el ámbito humano) y es lo que conocemos como fallecimiento, pero también puede haber, por así decir, muertes parciales del ser humano. Por ejemplo:

- Hay muertes físicas: dolencias, limitaciones, enfermedades. Sí, nos morimos poco a poco al no poder comer de todo como antes, al no poder caminar como antes, al no poder dormir como antes, por los dolores continuos o discontinuos que se sufren, por las operaciones quirúrgicas que se han de realizar…

- Hay muertes psicológicas: tristezas, depresiones, desencantos, soledades, orfandad, desamor. Los problemas más diversos nos atenazan y nos aplastan día a día, y hay personas de un natural optimista que son invadidas por todas las situaciones antes mencionadas, lo cual les puede convertir en personas resentidas, desconfiadas, inseguras, cobardes e incluso con psicopatías importantes.

- Hay muertes sociológicas: pobreza, desempleo, marginación, inadaptación, inmigración, explotaciones y esclavitudes, corrupción[1]. Gente que llevaba una vida completamente normal, por la pérdida de empleo, por una separación matrimonial traumática, por la necesidad de emigrar fuera de su ciudad o país..., se convierten en personas marginales e improductivas para la sociedad. Permitidme que os cuente un caso muy curioso del Papa Juan Pablo II: “Un sacerdote se disponía a rezar en una de las parroquias de Roma cuando, al entrar, se encontró con un mendigo. Después de observarlo durante un momento, el sacerdote se dio cuenta de que conocía a aquel hombre. Era un compañero del seminario, ordenado sacerdote el mismo día que él. Ahora mendigaba por las calles. El cura, tras identificarse y saludarle, escuchó de labios del mendigo cómo había perdido su fe y su vocación. Quedó profundamente estremecido. Al día siguiente el sacerdote tenía la oportunidad de asistir a la Misa privada del Papa al que podría saludar al final de la celebración, como suele ser la costumbre. Al llegar su turno sintió el impulso de arrodillarse ante el santo Padre y pedir que rezara por su antiguo compañero de seminario, y describió brevemente la situación al Papa. Un día después recibió la invitación del Vaticano para cenar con el Papa, en la que solicitaba llevara consigo al mendigo de la parroquia. El sacerdote volvió a la parroquia y le comentó a su amigo el deseo del Papa. Una vez convencido el mendigo, le llevó a su lugar de hospedaje, le ofreció ropa y la oportunidad de asearse. El Papa, después de la cena, indicó al sacerdote que los dejara solos, y pidió al mendigo que escuchara su confesión. El hombre, impresionado, les respondió que ya no era sacerdote, a lo que el Papa contestó: ‘una vez sacerdote, sacerdote siempre’. ‘Pero estoy fuera de mis facultades de presbítero’, insistió el mendigo. ‘Yo soy el obispo de Roma, me puedo encargar de eso’, dijo el Papa. El hombre escuchó la confesión del Santo Padre y luego le pidió a su vez al Papa que escuchara su propia confesión. Después de ella lloró amargamente. Al final Juan Pablo II le preguntó en qué parroquia había estado mendigando, y le designó asistente del párroco de la misma, y encargado de la atención a los mendigos”.

- Hay muertes culturales: vacío de valores, falta de oportunidades, analfabetismo, frustración.

- Hay muertes espirituales: odios y resentimientos, dureza de corazón, vicios, esclavitudes íntimas, falta de fe, conformismos, rutinas y tibieza.

* Muchos estamos encerrados en nuestros sepulcros, como Lázaro o aquellos israelitas de los que hablaba el profeta Ezequiel, y no nos damos cuenta. Estamos muertos, y no nos damos cuenta.

La vida total solo la puede dar Dios; es lo que se dice en las lecturas de hoy: Dice el profeta Ezequiel: “Yo mismo –dice el Señor- abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros […] Os infundiré mi espíritu y viviréis […] Yo el Señor lo digo y lo hago”. Igualmente Jesús dio vida a Lázaro, pero sobre todo Jesús dio la vida que nos da la fe a muchos que presenciaron el milagro: “Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”. Pero también es verdad que el hombre puede dar vida parcial a los hombres que tienen muerte física, por ejemplo, los médicos, enfermeras, farmacéuticos y quienes cuidan y asisten a los que padecen esas dolencias, enfermedades y limitaciones.

Asimismo, el hombre puede dar vida a quienes tienen tristeza, depresiones, desencantos, soledades, desamor. Para ello utilizará el amor, la compañía, la escucha…

Podemos dar vida a los que tienen muerte sociológica, como hizo el Papa Juan Pablo II con el sacerdote mendigo, con la justicia social y con el no entrar en la rueda de la explotación ni la corrupción que nos rodea.

Podemos dar vida a los que tienen muerte cultural con la vivencia de valores de honestidad, de responsabilidad, de laboriosidad, de generosidad.

Podemos dar vida a los que tienen muerte espiritual con el perdón, con la misericordia hacia los demás, pero sobre todo con la vivencia radical de nuestra fe en Dios, de nuestro amor a la Iglesia, al matrimonio, al sacerdocio, a la vida consagrada a los que Dios nos llamó. Cada uno en su vocación y en su sitio.

            SÍ, CRISTO Y SU SANTO ESPÍRITU DAN VIDA, PERO TAMBIÉN NOSOTROS, CON SU AYUDA, PODEMOS DAR VIDA A LOS MUERTOS QUE NOS RODEAN, LO MISMO QUE OTROS NOS HAN DADO, DAN Y DARÁN VIDA A NOSOTROS.


[1] Hace un tiempo a la luz que un hostelero en Ibiza contrataba para sus negocios a trabajadores extranjeros y los hacinaba en zulos, les daba sueldos de hasta tres euros y medio la hora y, además, no pagó a Hacienda por valor de 14,5 millones de euros.  En 2008 cerca de medio centenar de sus trabajadores denunciaron que habían sido obligados a firmar por este hostelero contratos escritos en checo, idioma que no conocía ninguno de ellos. Según la Agencia Tributaria, con un volumen de negocio cercano a los 36 millones de euros anuales, este hostelero no ingresó jamás cuota alguna correspondiente al Impuesto de Sociedades ni al IVA.

 


jueves, 12 de marzo de 2026

Domingo IV de Cauresma (A)

 15-3-2026                              DOMINGO IV DE CUARESMA (A)

1 Sm. 16,1b.6-7.10-13a; Slm. 23; Ef. 5, 8-14; Jn. 9, 1-41

Homilía en vídeo.  

Homilía de audio.  

Queridos hermanos:

En la homilía de hoy quisiera predicar dos ideas.

- Vamos con la primera. Hace unos años celebraba en Tapia de Casariego una Misa por una chica que se había suicidado[1]. Era una situación dura, pero había que decir una palabra a los padres y amigos de Mónica que asistieron a la Misa. Dios y la Iglesia tenían una palabra que decir. Al ‘colgar’ la homilía en Internet se produjeron algunos comentarios a la misma. Uno de ellos dice así: “A través de ella (de la homilía) veo la gran ternura de Dios, y lo presente que está en cada instante de nuestra vida, incluso cuando tomamos una decisión equivocada, por la razón que sea. Dios no me juzga, Dios no me rechaza, Dios no me margina ni desprecia; más bien está siempre solícito y expectante ante nuestros sufrimientos y problemas, sean de la índole que sean; es verdad, Él siempre está entre el puente y el río; yo también estoy convencida”. Esto es totalmente cierto y yo estoy seguro de ello, pero también estoy totalmente convencido de unas palabras durísimas que el Papa Francisco ha dicho recientemente. Transcribo sin más la noticia tomada de los medios de comunicación: Durante una ceremonia en la iglesia romana de San Gregorio VII, cerca del Vaticano, a la que asistieron unos 900 familiares de personas asesinadas por la mafia, el Papa Francisco advirtió que los mafiosos irán al infierno, si no se arrepienten, y recordó que ‘no se puede llevar el dinero manchado de sangre y el poder en la vida de más allá’. El Papa nombró a cada una de las 842 personas asesinadas por la mafia desde 1893. ‘Les pido que cambien sus vidas’, dijo el Papa, dirigiéndose a los miembros de las bandas del país. ‘Oramos por ustedes, y yo de rodillas les ruego volver a reflexionar, por su propio bien’, añadió. ‘Esta vida que ustedes viven no les dará la alegría o la felicidad’, aseveró el líder de la Iglesia católica. ‘Conviértanse. Aún hay tiempo para evitar el infierno, porque es el infierno lo que les espera si siguen por ese camino’, instó Francisco. ‘Ustedes tienen un papá y una mamá, piensen en ellos y conviértanse’, concluyó el Papa. Por otro lado, ha recordado el asesinato esta semana a balazos de un niño de cuatro años junto a su madre, en un ajuste de cuentas entre la mafia, en Taranto (talón de la bota). Un crimen en el que ‘no tuvieron piedad ni de un niño’, según ha lamentado el Papa, que ha reclamado fuerza para seguir adelante y continuar luchando contra la corrupción. Francisco subrayó que la Iglesia no debe permanecer al margen de la delincuencia organizada y mencionó que algunos sacerdotes siguen haciendo la vista gorda a las acciones de unos mafiosos que se hacen pasar por 'creyentes sinceros' y donan a la Iglesia regalos importantes. Cabe mencionar que el Papa Juan Pablo II, también condenó las acciones de la mafia en 1993, tras lo cual dos iglesias en Roma fueron sacudidas por atentados.

Si es parece dura esta noticia, escuchad esta otra: “Los cárteles mejicanos dejan la droga para traficar con órganos de niños, petróleo y hierro. Suerte tuvo un grupo de niños hacinados en la caja refrigeradora de un camión de que el conductor se confundiese de camino. Debía hacer la entrega al sur de Michoacán, pero se equivocó de carretera y terminó en Tepalcatepec en plena noche. Allí unos agentes revisaron su mercancía, y cuál fue su sorpresa cuando en el congelador aparecieron los niños en plena hipotermia. Habían sido secuestrados horas antes en la playa, en una excursión con la escuela. Ellos se salvaron, pero otros cientos de niños, quién sabe si miles, no tuvieron la fortuna de que un conductor errara el camino. Fueron secuestrados, despojados de sus órganos vitales y desaparecieron para la eternidad. En los estados más pobres de México, donde hay amplias poblaciones indígenas, el secuestro de niños es una lacra desde hace años. Los cárteles también usan los corazones humanos para comérselos en ritos de iniciación o pruebas de fidelidad. El recién fallecido líder Nazario Moreno ‘el Chayo’ obligaba a algunos de sus secuaces a comerse un corazón humano para ponerlos a prueba, una práctica espeluznante cuya veracidad sostiene más de un testigo”[2].

¿Por qué predico esto? Pues, porque es cierto que Dios es misericordioso con todos nosotros y que siempre nos está esperando a la puerta, pero también es cierto que hay mal en el hombre, mucho mal, y que no es Dios quien nos condena al infierno, sino que vamos nosotros ‘solitos’ con nuestra forma de vida. El hombre es libre para actuar en su vida, aunque también es cierto que tiene muchos condicionantes que Dios juzgará en cada caso. ¿Qué es el infierno? Es la lejanía de Dios y de los hombres, a quienes se les usó para provecho personal (como esos niños arrancados de los brazos de sus padres para extraerles los órganos y venderlos al mejor postor). ¿Qué es el cielo? Es la cercanía de Dios y de los hombres, a los que se les hizo el bien.

En esta Cuaresma Dios nos llama a la conversión a todos: a los mafiosos, a los integrantes de los cárteles mejicanos, pero también a nosotros, para que nos arrepintamos de nuestra vida de pecado, de apatía y de tibieza ante las cosas de Dios y las necesidades de nuestros hermanos, que son los hijos de Dios.

- La segunda idea que quiero predicar se refiere al evangelio que acabamos de escuchar. Es muy similar este texto al de la samaritana del domingo pasado. En ambos casos es Jesús quien se acerca al ciego y a la samaritana, y quien comienza el diálogo con ellos. Jesús quiso curar al ciego. En el Medio Oriente la ceguera era frecuente en tiempos de Jesús a causa de la mayor intensidad de los rayos del sol, del polvo y de la suciedad. Los ciegos se encontraban en una dura situación no sólo económica, sino también religiosa. La ley les prohibía que entraran en el santuario. Casi ninguno se curaba y, de entre los ciegos de familias pobres, no se curaba ninguno. Jesús sabía esto y se acercó a este ciego, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo: ‘Ve a lavarte a la piscina de Siloé’. Él fue, se lavó, y volvió con vista.

Entonces, Jesús le dejó para que la curación física de sus ojos fuera haciéndose más profunda. El antiguo ciego se empezaría a preguntar cosas: ‘¿Por qué veo ahora si casi nadie se cura? ¿Quién me curó y por qué? ¿Cómo se lo podré agradecer? ¿Por qué Dios se fijó en mí y tuvo misericordia de mí? Yo no soy mejor que otros hombres, yo no soy mejor que otros ciegos. ¿Por qué me curó a mí y quién es ese que me curó?’

Después de ese tiempo de silencio exterior, de oración, de preguntarse e intentar responderse…, Jesús le sale otra vez al encuentro. Ahora ya está listo el antiguo ciego para dar otro paso y curar la ceguera interior y espiritual que tenía, y que era más grave que la física. Por eso, Jesús le dijo: ‘¿Crees tú en el Hijo del hombre?’ Él contestó: ‘¿Y quién es, Señor, para que crea en él?’ Jesús le dijo: ‘Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es’. Él dijo: ‘Creo, Señor’. Y se postró ante él”.

También hoy y siempre Jesús nos sale al encuentro, quiere dialogar con nosotros, quiere atender nuestras necesidades, pero sobre todo quiere curar nuestra ceguera interior y por eso nos llama a la fe en esta Cuaresma santa de 2026.

¿Cuál va a ser nuestra respuesta?


[1] Quien quiera escuchar esta homilía puede ir a mi blog (http: //andresperezdiaz.blogspot.com.es) y pinchar en el enlace del VIERNES de las homilías semanales EN AUDIO, de la semana II de Cuaresma, de 2014.

[2] El Confidencial, 24-3-14.