18-10-26 DOMINGO XXIX TIEMPO
ORDINARIO (A)
Is. 45, 1.4-6; Slm. 95; 1 Tes. 1, 1-5b; Mt. 22, 15-21
Queridos
hermanos:
Un
año más celebramos el DOMUND. El
lema de este año es: ‘Uno en Cristo. Unidos en la misión’.
1)
Vamos primero a explicar un poco el LEMA de este año:
“UNO EN CRISTO...”. Ser cristianos es
vivir una vida de unión con Cristo a través de la escucha de su Palabra, de la
oración y de los sacramentos. Cuanto más unidos estemos a Jesús, más unidos
estaremos entre nosotros, y podremos cumplir la misión por Él encomendada: “Que todos sean uno... para que el mundo
crea” (Jn 17,21).
“UNIDOS EN LA MISIÓN”. Cada cual según
su vocación y el lugar en donde esté o a donde el Señor le haya llevado, todos
los bautizados participamos en la misión. Porque el mandato misionar no es solo
para sacerdotes y religiosas, sino para los cristianos: sacerdotes, religiosas
y laicos.
2) Vamos ahora
a explicar un poco el CARTEL del Domund de este año:
EN EL HORIZONTE, LA CRUZ. Pero la cruz no son dos palos cruzados y desnudos.
Nuestra cruz está vestida y la ‘ropa’ de la cruz se llama Jesús. “La misión de los discípulos y de toda la
Iglesia es la prolongación, en el Espíritu Santo, de la misión de Cristo; una
misión que nace del amor, se vive en el amor y conduce al amor” (León XIV).
La cruz es el emblema de ese amor, que mueve también a todos los misioneros y misioneras
a entregar su vida.
TODOS, POR LOS CAMINOS MISIONEROS DEL MUNDO. Cada uno es responsable de lo que le ha correspondido,
pero solo, cuando todos realizan lo suyo, la obra, lo comprometido... ¡se hace
realidad! Santa Teresa de Calcuta lo expresaba con una frase muy sencilla: “Lo que yo puedo, tú no puedes; lo que tú
puedes, yo no puedo... ¡Juntos haremos algo hermoso para Dios!”. Todos los
bautizados somos uno, cada uno con su cadaunada, pero todos formando una
unidad.
3) La misión
está en el último mandato del Señor resucitado, que envía a sus discípulos
hasta los confines de la tierra. Sigue habiendo países en los que apenas hay
1.200 cristianos, y el resto de la gente allí no ha oído hablar de Jesucristo.
Como somos una comunión, es una obligación y una responsabilidad espiritual y
misionera, por parte de aquellos que ya han escuchado a Cristo y al Evangelio,
el compartir esa fe. Empezando por sus propias familias, por sus propios
vecinos, pero aún hay mucha gente que no ha oído hablar de Cristo. Esto es un
acto de caridad.
En efecto, la
misión ad gentes no es solo seguir el
mandato del Señor, sino también compartir el don que tenemos. Si tu hijo se
queda sin casa por un divorcio, porque no puede seguir pagando la casa en la
que vive, por cualquier otro motivo…, tu hijo no se queda durmiendo en la
calle. Tu casa la compartes con tu hijo.
Si tu hijo tiene problemas económicos y tú tienes algo de dinero, tú compartes tus bienes con tu hijo. Si
Dios te ha regalado la fe en su Hijo Jesús y otro hijo de Dios no lo conoce, tú has de compartir ese regalo de Dios
Padre con esa persona. Esta es la base de la misión.
4) Pero cómo
podemos nosotros misionar, cómo podemos compartir el regalo que Dios nos ha
hecho de la fe: Misionamos con la
oración, con nuestro testimonio personal en la familia, entre las amistades, en
el trabajo…, y con nuestro dinero para que también otros misionen allá a donde
nosotros no llegamos físicamente.
Veamos
dos testimonios de para qué sirve el dinero que se recauda en dos lugares
distantes: Bolivia e India:
“Quiero darle a conocer que se ha
recibido la suma de 16.503,40 €, que se ha destinado para los siguientes usos:
clero diocesano y misioneros, formación de agentes pastorales, liturgia y
sacristía, formación de catequistas, y materiales y equipos de oficina. Este
subsidio nos ayuda a realizar la pastoral en las 11 parroquias que tenemos,
acompañando a los principales pueblos y a las comunidades rurales. Contamos con
13 sacerdotes, y 4 diáconos temporales; 18 hermanas religiosas, 3 religiosos y
un convento de clausura (6 hermanas). Los sacerdotes celebran la Santa Misa en
el pueblo y también en las comunidades rurales por lo menos una vez al mes. En
muchas comunidades se tienen animadores y catequistas que alientan la fe de sus
hermanos. Hay algunas muy distantes y de difícil acceso (son comunidades del
río), como Misión Fátima, donde se celebra la Misa 3 veces al año: en Semana
Santa, su fiesta patronal y Navidad. Hay que decir también que en la parroquia
de Santa Rosa se tiene el comedor para ancianos de escasos recursos. Reitero mi
profundo agradecimiento por sus donativos. Oramos por las personas
benefactoras”. Obispo en una diócesis de la selva en Bolivia.
“Deseo expresar mi sincera
gratitud por el generoso subsidio de 16.768,16 €. Estamos profundamente agradecidos
a todos los fieles en España que apoyan a las Obras Misionales Pontificias y a
los territorios de misión en todo el mundo. Me complace informarles de que el
subsidio se ha utilizado efectivamente para los siguientes fines dentro de la
diócesis de Vijayapuram (India): asistencia médica y mantenimiento de
sacerdotes; apoyo educativo y programas de formación para estudiantes,
posibilitándoles crecer en fe y valores; campamentos en los que compartir la fe
y formarse para catequistas y ministros laicos, fortaleciendo su compromiso con
la misión de evangelización; y asistencia médica y obras de caridad para los
pobres y marginados en nuestras áreas de misión. Estas iniciativas han
contribuido grandemente al fortalecimiento de nuestro trabajo misionero y al testimonio
de caridad cristiana entre nuestro pueblo. Una vez más, les damos las gracias a
todos los benefactores por su generosa preocupación, oraciones y continuo
apoyo. Tengan la seguridad de nuestras plegarias por ustedes”.
5)
Y finalmente, desde Argelia, un misionero español nos da testimonio de su labor
pastoral allá. “Vivimos en comunidades de
tres misioneros de tres países diferentes. Esto nos impide “copiar” en nuestros
países de misión una réplica de nuestros países de origen. Evidentemente, cada uno
de nosotros es “de su padre y de su madre”, cada uno tiene sus manías, sus
gustos, sus preferencias litúrgicas y espirituales, cada uno es como es. En mis
más de 30 años de vida misionera, he vivido con compañeros que no se me
parecían en nada: Charlín, con su pipa y su capacidad para redactar artículos
sobre cualquier país africano; Jean-Louis, con un despacho siempre limpio y
tres versiones de la Biblia abiertas sobre su mesa; Frans, con un sentido de la
justicia y del compromiso en favor de los pobres que aún me inspira; Iván, que
con una mano menos seguía saliendo a los poblados para celebrar la fe; Ludo,
que trabajó tantos años discretamente en un laboratorio de análisis médicos;
Denis, que con un ojo de cristal inició a tantos de nosotros en el árabe
dialectal; Anselme, que con menos de 35 años ha lanzado tantos proyectos que
aún siguen en pie; Benoît, siempre tranquilo y dispuesto a echar una mano;
François, capaz de reparar un motor, una instalación eléctrica o un armario y
de llevar las cuentas con exactitud... De cada uno de ellos, y de muchos más,
siempre he aprendido, pero nunca he sentido que estuviéramos en competición ni
me dieron la impresión de querer que fuera como ellos. Todos, conscientes de
que Dios nos había llamado con nuestros talentos y personalidades diferentes,
no para que fuésemos idénticos, sino más bien para que juntos trabajásemos para
hacer advenir el Reino de Dios. Lo que tenemos en común es la pasión por el
Reino de Dios, el deseo de ver el Evangelio vivido y ofrecido, las ganas de
cambiar el mundo según el modelo de Jesús, el compromiso con la civilización
del amor, la creatividad para llegar a una fraternidad real. Y cada uno de
nosotros tiene ese fuego interior simplemente, porque pasa tiempo con Jesús en
la oración, la escucha de su Palabra y la atención al prójimo. Cuando ves que
tu compañero de misión está ante el sagrario, sientes que, sean cuales sean las
diferencias entre él y tú, estamos unidos en Cristo, que nos llamó a los dos,
tan distintos como fueron los doce apóstoles, pero todos escogidos y enviados
por el Maestro. Otra característica de nuestro carisma es “construir algo que
puede prescindir de ti”. Ya que, si una obra, por muy bonita que sea, depende
exclusivamente del misionero que la fundó para seguir adelante, esa obra, en
realidad, tiene los días contados”.