Sacerdote de la Archidiócesis de Oviedo (España) Párroco de la UP de san Lázaro del Camino (Oviedo)
viernes, 10 de enero de 2020
Bautismo del Señor (A)
12-1-2020 BAUTISMO DEL
SEÑOR (A)
Celebramos
hoy la festividad del Bautismo del Señor. Siempre cojo un aspecto de las
lecturas o de la celebración y profundizo sobre ello. En este día quisiera
explicar sobre los ritos del sacramento del Bautismo y su significado. Esto lo
hacían mucho lo santos Padres antiguos y se llamaba mistagogia, es decir,
catequesis sobre los signos de la liturgia: bautizos, matrimonios, Misas, etc.
Vamos allá:
-
Escrutinio. En esta parte se les
pregunta a los padres y padrinos qué desean para los bautizandos (respuesta: el
Bautismo) y si están dispuestos a educarlos en la fe cristiana de amar a Dios,
al prójimo y a los mandamientos tal y como se nos enseña en los evangelios.
Luego el sacerdote hace sobre la frente de la criatura la señal de la cruz
(asimismo los padres y padrinos) como signo de su aceptación en la Iglesia y de la salvación
de Cristo sobre dichas criaturas.
-
Exorcismo. Después de las lecturas y
de la homilía, el sacerdote invoca el poder de Dios para que libre al
bautizando del poder de Satanás, para que lo arranque de las tinieblas para la
luz, para que lo libre del pecado original y lo haga templo del Espíritu Santo.
-
Unción. Se pide a los padres que
descubran el pecho del bautizando para que el sacerdote lo unja con el aceite
de los catecúmenos, que ha sido bendecido por el obispo en la Misa Crismal. En
las luchas griegas de las olimpiadas los deportistas se aplicaban aceite por
todo el cuerpo para estar más ágiles, para tener los músculos más distendidos y
estar más resbaladizos para sus contrincantes. En definitiva, se ungían para
luchar mejor; pues así sucede con esta unción con la que la Iglesia prepara a sus
hijos, ya que la vida de fe es una vida de lucha (“Esforzaos en entrar por la puerta estrecha…, porque es estrecha la
puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y son pocos los que lo
encuentran” [Mt 7, 13-14]).
-
Bendición del agua. El sacerdote
bendice el agua con la que a continuación será bautizado el bautizando. Agua
que significa limpieza (que nos purifica de nuestras suciedades), agua que es
fuente de vida (pues sin ella los frutos no pueden crecer), pero también agua
que es fuente de muerte (que puede arrasar, como el Tsunami de las Navidades de
2004, y de tantas otras ocasiones) y agua que arrasa nuestros pecados. Vemos
esto en la oración de bendición del agua en donde se recuerda el diluvio
universal. También en la oración se recuerda el paso del pueblo de Israel por
en medio del mar Rojo. Así, se simboliza que Israel pasó de la esclavitud a la
libertad a través del agua. Luego se recuerda el paso del desierto a la tierra
prometida a través del río Jordán. De este modo se simboliza el paso desde el desierto, lugar de
sed-calor-peligros a la tierra prometida en donde Dios nos espera; etc.
-
Promesas y credo. Los padres y
padrinos en nombre del bautizando, que entonces no puede hablar por sí mismo,
si tiene pocos meses de vida, prometen a Dios y ante la comunidad eclesial que
desean rechazar el pecado y todo lo que conlleva de alejamiento de Dios y del
prójimo. Igualmente se confiesa la fe en Dios Padre, en Dios Hijo, en Dios
Espíritu Santo y en la
Santa Iglesia de Dios. Si falta uno de estos elementos o no
se acepta, entonces quiere decir que no se puede seguir adelante con el
Bautismo, pues no tiene sentido bautizarse en una fe que no se acepta, entrar
en una Iglesia que no se acepta.
-
Bautizo. Se puede hacer de tres
modos: 1) Sumergiendo la criatura en el agua. Así, mediante la inmersión, era
cómo bautizaba primeramente S. Juan Bautista. He visto algún cuadro en donde S.
Juan con una concha echaba agua sobre la cabeza de Jesús y de este modo lo
bautizaba, pero nada más lejos de la realidad. Más bien se acercaba la gente, S. Juan
estaba en medio del río y sujetando a uno por los hombros o por la cabeza le
introducía entero debajo del agua. Así es como hicieron los primeros cristianos
sumergiendo a los que iban a ser bautizados por tres veces; de este modo
simbolizaban las tres personas de la Santísima Trinidad y los tres días que
Jesucristo estuvo enterrado en el sepulcro hasta que resucitó. Y esto podía
hacerse en un río o en una piscina. Incluso ahora algunos grupos cristianos
bautizan hoy día a sus hijos de este modo. 2) Otra forma de bautizar es
utilizando la aspersión con un hisopo, cuando hay una gran cantidad de gente
para bautizar. Se dice que S. Francisco
Javier en la India
bautizó en un solo día a 10.000 personas de este modo. 3) Y el último modo de
bautizar es el comúnmente conocido por echar agua sobre la cabeza del
bautizando por tres veces mientras se dice la fórmula: "N., yo te
bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo."
Normalmente
para bautizar se utiliza el agua; por eso decimos que hay Bautismo de agua, pero igualmente existen otras dos clases de
Bautismos: el de sangre y el de deseo. El de
sangre es el de aquella persona que, queriendo ser cristiano y estando
preparándose en doctrina cristiana para recibirlo, resulta que antes de ello
acontece una persecución contra los cristianos y él, pudiendo librarse, se
presenta voluntariamente al suplicio y lo matan. El derramamiento de su propia
sangre sobre su cuerpo es su mismo Bautismo (Santos Inocentes, primeros
bautizados). El Bautismo de deseo es
de aquel que se encuentra en la misma situación que el anterior -se está
preparando en la doctrina cristiana para ser bautizado- y resultando que tiene
una enfermedad o situación de peligro accidental que lo lleva a la muerte, y
no teniendo a nadie que lo bautice al morir, confiesa interiormente su deseo
de ser cristiano, su fe en Jesucristo y por este mismo deseo es bautizado.
-
Crismación. Con aceite bendecido por
el obispo se unge en la coronilla al recién bautizado y queda constituido sacerdote (está capacitado para
comunicarse con Dios y ser intermediario para otros ante Dios), profeta (puede hablar a los demás de
parte de Dios y recibir de Él su palabra) y rey (está llamado a reinar con Cristo en el Reino de los cielos).
-
Vestidura blanca. Es el alba que se
ponen los sacerdotes, obispos, diáconos, o monaguillos en las celebraciones. Es
una vestidura propia de todo cristiano, y no solo de los clérigos. Esta
vestidura blanca significa la limpieza de los pecados personales y/o del pecado
original.
-
Vela. Se coge el fuego únicamente
del cirio pascual (no de un mechero o cerilla cualquiera), que representa a
Cristo resucitado.
-
Effetá (ábrete). Lo mismo que Cristo
hizo oír a los sordos y hablar a los mudos (les tocaba según los curaba), así
el sacerdote toca los oídos y la boca de la criatura para que, a su tiempo,
pueda escuchar la Palabra
de Dios y pueda hablar con Él y de Él.
-
Ofrecimiento a la Virgen.
Este rito no está en
los libros litúrgicos, pero muchos sacerdotes lo hacemos. Al terminar la
ceremonia ofrecemos a los recién bautizados a la Virgen María para que
ella ejerza como Madre suya durante toda la vida.
Espero
que estas palabras sirvan para conocer mejor este sacramento tan importante en
nuestra vida de fe.
sábado, 4 de enero de 2020
Epifanía del Señor (A)
6-1-2020 EPIFANIA
(A)
Celebramos
hoy la fiesta de la Epifanía
(que significa manifestación) del
Señor, más conocida popularmente como la fiesta de los Reyes Magos. Unos Magos
del Oriente, se cree que del actual Iraq o Irán, vinieron para adorar al Rey de
los Judíos, a Jesús. Nos dice el evangelio que, cuando llegaron ante el portal
de Belén, le ofrecieron sus regalos: oro, incienso y mirra. De este
acontecimiento viene la costumbre en España de hacer o intercambiar regalos por
esta fecha del 6 de enero.
Hay
distintas clases de regalos: regalos para los niños y para su diversión y ocio;
regalos de compromiso y, a veces, ¡qué difícil es dar con el regalo adecuado
para una persona y para una ocasión determinada!; regalos útiles para la
persona que los recibe; regalos de mucho valor material; regalos de mucho valor
sentimental… Esta homilía va de regalos.
-
Veamos ahora los regalos de los Magos al Niño Jesús:
Oro. ¿Por qué oro? El oro fue siempre
un metal precioso y de mucho valor para los hombres. Lo llevaba la gente rica y
los reyes. Jesús no era rico, había nacido en un establo entre pajas, pero era
rey, y como tal le regalaron oro. Muchos hombres siempre han querido ofrecer lo
mejor que tenían para Dios. ¿No veis los edificios, como la catedral de Oviedo
o su retablo, que se han construido para Dios? ¿No veis lo que se gastan
algunas cofradías en mantos a la
Virgen, en coronas para la Virgen, en flores, en restaurar los pasos de
Semana Santa para mostrarlo sólo unas horas al año? Me consta que algunos
sacerdotes en Andalucía han querido que no se gastaran esas cantidades ingentes
de dinero en todo lo que acabo de decir, sino que se diera a los necesitados,
pero los cofrades se enfadaban, porque querían dar “eso” para sus devociones.
Incienso. El incienso se utilizaba
entonces en las ceremonias religiosas y pretende elevar el humo aromatizado
ante Dios. Por eso, los Magos, aunque no lo supieran de un modo muy claro,
estaban ofreciendo incienso al Niño Jesús…, como Dios que era. También ahora en
las ceremonias más solemnes se quema incienso y se rocía del mismo al altar en
donde se va a consagrar el pan y el vino, que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo. Se rocía
de incienso el mismo pan y vino. Se rocía de incienso el ambón y la Palabra de Dios que va a
ser proclamada. Se rocía con incienso al sacerdote u obispo que presiden la Misa, a los sacerdotes que concelebran,
a los fieles que celebran la Misa,
y al cadáver de cristiano fallecido, pues ellos van a realizar funciones
sagradas y en ellos está presente Dios por la creación (a su imagen y
semejanza) y por el Bautismo (hijos adoptivos de Dios, hermanos de Cristo y
templos del Espíritu Santo). El incienso es para Dios y para elevarnos a Dios.
Mirra. Cuando un hombre o una mujer
mueren, rápidamente su cadáver se descompone y huele mal. ¿No habéis pasado
alguna vez por el campo o en la ciudad al lado de un cadáver de un gato, de un
perro o de otro animal? Salen de él las moscas y huele muy mal. Pues bien, eso
también pasa en los hombres que mueren. A veces, como se tardaba un tiempo en
enterrarlos, y por Israel y el Oriente hacía mucho calor, lo que se producía
era una descomposición del cadáver más rápida, y por ello se utilizaba la
técnica de embalsamamiento. Y uno de los instrumentos usados en esta era la mirra. Cuando murió
Lázaro, el amigo de Jesús, y este quería verlo, le dijeron las hermanas: “Señor,
tiene que oler muy mal, porque ya hace cuatro días que murió” (Jn 11, 39b).
A Jesús, cuando murió, quisieron embalsamarlo (Lc. 23, 56 - 24, 1). Por lo
tanto, ofrecer mirra a Jesús como regalo por parte de los Magos significaba que
Él era hombre como nosotros, y, por lo tanto, iba a morir igual que mueren
todos los hombres.
-
Hasta aquí hemos hablado de los regalos que los Magos ofrecieron a Jesús. Pero
veamos también algunos de los regalos que Dios nos hizo a los hombres con el
nacimiento de Jesús:
Luz. Isaías, en la
primera lectura, profetiza en este sentido: "¡Levántate Jerusalén, que
llega tu luz! Mira: las tinieblas cubren la tierra, la oscuridad los pueblos,
pero sobre ti amanecerá el Señor, su gloria aparecerá sobre ti; y caminarán los
pueblos a tu luz". Jesús viene presentado como Luz en medio de las
tinieblas que rodean al mundo. Por ejemplo, los Magos fueron guiados hasta
Belén por un estrella, que desapareció en cuanto se mostró el lugar donde yacía
el niño Jesús. Desapareció porque todas las estrellas desaparecen cuando llega
el sol y este trae el día. Así, el Sol-Jesús hizo desaparecer la Estrella del Oriente. Por
eso, vemos cómo Cristo Jesús es Luz para todos nosotros. Para todo el que cree
en Él, Jesús es Luz en medio de las oscuridades y dudas de esta vida. El que no
cree en Jesús camina en la oscuridad; en la oscuridad, porque no ve más que lo
que toca, que lo que palpa; en la oscuridad de su propio egoísmo y pecado. Hace
unos días se quejaba una madre de familia de que no tenía trabajo fuera de
casa. Yo le dije que, de parte de Dios, le daría un trabajo al lado de casa,
con una paga 2.400 € mensuales, con 8 horas de trabajo por las mañanas, con
fines de semana libres, con un mes de vacaciones, con 14 pagas anuales, pero…
con dos condiciones: (1) le quitaría la fe que tenía en Dios, (2) le quitaría a
su marido y a sus hijos. Me dijo que no, que se quedaba como estaba. No le
quise decir que el trabajo fuera de casa que pretendía fuera malo, pero sí
quise que se diera cuenta que tenía en su poder lo mejor de este mundo y su
queja continua le impedía disfrutar de lo bueno que Dios le había dado. Dios le
dio luz para ver esto.
Fe. Éste es uno de los
regalos de Dios que yo más aprecio. ¿Qué sería de mí sin fe? ¿Qué sería de mí
sin la esperanza de verlo y de abrazarlo plenamente un día y para toda la
eternidad? ¿Qué sería de mí sin la certeza de su inmenso amor? Tengo un amigo
periodista y hace un tiempo me escribió a propósito de un funeral por un
asesinado lo siguiente: “Te comento una
experiencia intensa que tuve el pasado viernes, 18 de junio. Me tocó hacer la
información del funeral de uno de los dos chicos que mataron a tiros en Avilés.
Fue un funeral religioso, aunque su familia se encontraba más bien lejos de la Iglesia. De hecho,
éramos una minoría los que sabíamos responder al sacerdote. Hubo dos cosas que
me impresionaron en una Iglesia que estaba llena con gente que trabaja en
puticlubs y esos ambientes. Por una parte, el respeto a la muerte y al propio
lugar sagrado. Además, noté en ellos ese frío que en su momento yo noté en el
funeral de mi tía N, el frío de las personas que se encuentran al margen de la Fe, el frío de la vida sin
esperanza. Fue una impresión pero muy honda”. Solo hay una cosa en el mundo
más grande –para mí- que la fe en Dios y es… Dios mismo.
Alegría. Dice la primera lectura: “Entonces lo verás, radiante de alegría; tu
corazón se asombrará, se ensanchará.” También el evangelio nos dice que los
Magos “se llenaron de inmensa alegría”.
Recuerdo al padre de una señora de color de Cabo Verde (esta señora vive en
Lugones) cuando vino a España a ver a su hija y después de unos días, al
marchar, dijo: ‘Aquí en Europa, en España, tenéis de todo, pero no sois
felices; no estáis alegres’. Si yo me lleno de cosas, entonces sale Dios de mí.
Si yo me vacío de cosas en mi interior, entonces ese vacío lo puede ocupar
Dios, el Dios de mi alegría.
-
Esta última parte de la homilía es para que la rellenemos nosotros: ¿Qué
regalos estoy dispuesto a hacer a Dios y a los demás en este año que empieza?
¿Serán regalos de compromiso…; regalos útiles…; regalos de mucho valor
material…; regalos de mucho valor sentimental…; regalos de mi tiempo…; regalos
de lo que me sobra…?
viernes, 3 de enero de 2020
miércoles, 1 de enero de 2020
Domingo segundo después de Navidad (A)
5-1-2020 DOMINGO SEGUNDO DESPUES DE NAVIDAD (A)
Homilía en vídeo.
Homilía de audio.
Queridos hermanos:
En
estos días recibimos muchas felicitaciones de Navidad. Unas contienen los
mensajes tradicionales y otras con algún mensaje no demasiado habitual. Yo he
recibido una de estas últimas felicitaciones con una poesía de un autor
anónimo. La poesía se titula: “Navidad
es...”. Os leo la poesía:
“Si
tienes enemigos, reconcíliate con ellos.
Navidad
es Paz.
Si
en tu corazón tienes soberbia, sepúltala.
Navidad
es Humildad.
Si
tienes deudas, págalas antes de gastar todo.
Navidad
es Justicia.
Si
tienes pecados, arrepiéntete y conviértete.
Navidad
es nacer al Espíritu.
Si
tienes pobres a tu lado, ayúdalos.
Navidad
es un Don.
Si
en tu mente tienes sombras y dudas, ilumina tus pensamientos.
Navidad
es Luz.
Si
tienes errores, piensa y reflexiona.
Navidad
es Verdad.
Si
tienes tristezas y preocupaciones, alégrate.
Navidad
es Gozo.
Y
si sientes odio y resentimiento, arrepiéntete, perdona a todos,
y
perdónate a ti mismo, porque entonces Dios ya te ha perdonado.
Navidad
es Amor”
Os
propongo que cojáis esta oración-poesía y trabajarla durante unos cuantos días.
Ciertamente la Navidad
es sobre todo don y regalo de Dios. La Navidad nos es ofrecida completamente gratis.
Pero también es verdad que la
Navidad ha de ser “trabajada” por nosotros para tener una
serie de frutos dentro de nosotros y a nuestro alrededor, pues, de lo contrario,
quedaría reducida a una mera parafernalia o a una celebración vacía de
contenido.
Por
lo tanto, si la Navidad es paz, tendré
que pensar quiénes son mis enemigos y para quién soy yo enemigo, y buscaré la
paz y la reconciliación con todos ellos, al menos en lo que de mí dependa.
Si la Navidad es humildad, procuraré esconder mi
enorme y gran ego detrás de los demás y de Dios. Buscaré que no se me vea
tanto, que no se me oiga tanto, no presumir tanto, no hacerme tanto la víctima,
no vanagloriarme tanto de mis virtudes y de mis éxitos. Desapareceré yo para
que aparezcan más Dios y los demás.
Si la Navidad es justicia y don, buscaré reconocer
lo bueno de los demás y disculpar lo malo ajeno, pues del mismo modo Dios hace
siempre conmigo. Procuraré devolver las cosas prestadas que están meses y meses
en mi casa. Haré lo posible por compartir mis bienes, pues son primero de Dios
que míos, y Él quiere que también los entregue (al menos parte de ellos) a
otras personas mucho más necesitadas que yo.
Si la Navidad es nacer al Espíritu, procuraré ir
dejando atrás mis pecados sempiternos, mis vicios y defectos omnipresentes (con
la ayuda de Dios, de su Santo Espíritu). Empezaré este mes de enero por uno
solo de ellos; por el más fácil, y haré como decía el Papa Juan XXIII: “Solo por hoy procuraré…”
Si la Navidad es luz, aunque yo no pueda disipar
mis propias dudas e incertidumbres, procuraré ser luz, certeza, compañía y
comprensión para quien está a mi lado y duda. Quizás no logre ahuyentar mis
dudas, pero habrá un poco más de luz en el mundo, si logro despejar una sola
duda del que está cerca de mí, aunque solo sea para decirle: “No sé darte ninguna razón de por qué te
suceden esas cosas; solo sé que estoy a tu lado y que te quiero”.
Si la Navidad es verdad, procuraré no vivir en la
mentira, no mentir a lo tonto o para justificarme o para sobresalir o por
cobardía. Soy como soy, y Dios me ama así. Vivir en verdad significa aceptarse
tal y como soy, presentarme tal y como soy ante los demás. Si los demás nos
aceptan así, ¡enhorabuena! Si no nos aceptan como somos, mejor así… que estar
siempre sobreactuando para caer bien al otro y estar roto por dentro entre lo
que soy y lo que aparento ser.
Si la Navidad es gozo, buscaré dicho gozo en lo
profundo de mi vida, de la vida de los demás y en Dios. No dejaré que mi
alegría dependa solo y exclusivamente de las cosas externas a mí o de las
circunstancias que me rodean. No maldeciré la oscuridad, sino que encenderé una
vela; no pondré gestos hoscos, sino que mostraré la sonrisa que Dios me ha dado.
Si la Navidad es amor, procuraré que el odio, el
resentimiento, el egoísmo y la distancia respecto a los demás no ahogue mi
espíritu, mi ser más íntimo. No dejaré que la amargura y el egocentrismo
aniquilen la semilla del amor que Dios ha sembrado en mí al crearme. Si un
hombre no ama o tiene el corazón endurecido como una piedra, no es hombre; es
un monstruo. El hombre está hecho para ser amado, pero también está hecho para
amar. El hombre es el ser para el amor: amor que se da y amor que se recibe.
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