jueves, 15 de enero de 2026

Domingo II del Tiempo Ordinario (II)

18-1-2026                               DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO (A)

Is. 49, 3.5-6;Slm. 39; 1 Cor. 1, 1-3; Jn. 1, 29-34

Queridos hermanos:

Seguimos otro día más hablando sobre el Símbolo de la Fe:

- Los misterios de la vida pública de Jesús.

El Bautismo de Jesús. El comienzo (cf. Lc 3, 23) de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán. “El bautismo de Jesús es la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente. Se deja contar entre los pecadores (cf. Is 53, 12) […] El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a ‘posarse’ sobre él (Jn 1, 32-33). De él manará este Espíritu para toda la humanidad. En su bautismo, ‘se abrieron los cielos’ (Mt 3, 16) que el pecado de Adán había cerrado” (n. 536).

Las tentaciones de Jesús. “Los evangelios hablan de un tiempo de soledad de Jesús en el desierto inmediatamente después de su bautismo por Juan. Jesús permanece allí durante cuarenta días. Al final de este tiempo, Satanás le tienta tres veces tratando de poner a prueba su actitud filial hacia Dios. Jesús rechaza estos ataques” (n. 538). “La tentación de Jesús manifiesta la manera que tiene de ser Mesías el Hijo de Dios, en oposición a la que le propone Satanás. Por eso Cristo ha vencido al Tentador en beneficio nuestro: ‘Pues no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo igual que nosotros, excepto en el pecado’ (Hb 4, 15). La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de la Gran Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto” (n. 540).

El Reino de Dios. “‘Después que Juan fue preso, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva’ (Mc 1, 15). La voluntad del Padre es elevar a los hombres a la participación de la vida divina. Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra el germen y el comienzo de este Reino. Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como ‘familia de Dios’. Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el Reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la Cruz y su Resurrección. A esta unión con Cristo están llamados todos los hombres” (nn. 541-542).

En el Prefacio de la Misa de Jesucristo, Rey del Universo, se define y describe al Reino de Jesús como un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz. Un Reino que es eterno y universal, pero también un Reino que no es de este mundo. Este Reino es don de Dios, pero también tarea nuestra. Veamos esto último:

            * Reino de Verdad. No más mentiras, no más esconder lo que somos, en lo que creemos y en lo que ponemos nuestra esperanza. No más maquillajes ni pantallas. No más miedo a las consecuencias de la Verdad. No más vivir el reino de la mentira, el reino de Satanás y de la apariencia. Nosotros no somos, no sabemos, pero nosotros, los ignorantes, somos los que buscamos a Dios y su Reino de la Verdad. Hace poco me decía una persona que alguien, cuando hablaba con ella, siempre era para criticar, y esa persona le dijo que, por favor, dejase de hacerlo, que todos tenemos nuestros fallos y que hablando mal de los otros no se mejoraba nada ni se cambiaba nada. Esa persona que criticaba no volvió a criticar con la persona que me lo contaba, pero… tampoco le volvió a hablar más. Esto es una consecuencia de querer estar en este Reino de Verdad. He de practicar la verdad, decir la verdad y educar en la verdad a los que están a mi alrededor, a pesar de las consecuencias y precisamente asumiendo las consecuencias, como Cristo, que fue crucificado por decir la verdad[1].

            * Reino de Vida. Apoyando aquello que construye y hace bien a los demás; lo que sana y lo que cura. He de revisar si mi comportamiento en casa, en el trabajo, en la calle produce “muerte” o produce “Vida”. He de practicar la vida y educar en la vida a los que están a mi alrededor.

            * Reino de santidad y de gracia. Lucho por este Reino cuando me esfuerzo por acercarme a mi Señor Jesucristo, cuando dejo que la oración fluya en mí, cuando participo con frecuencia en los sacramentos: confesión, Santa Misa, Unción de los enfermos (debemos pedirla), Confirmación. Hace un tiempo estuve en un Cursillo de Cristiandad en Covadonga. Había allí varias personas, de diferentes edades (de 19 a 81 años) sin recibir este sacramento del Espíritu Santo. El encuentro con el Señor en el Cursillo posibilitó que estas personas sintieran aún más la necesidad de recibir este Santo Espíritu, que sana, que ayuda, que da vida, que perdona, que fortalece, que nos acerca a Dios… He de luchar por llegar a la santidad de vida, por estar en gracia el mayor tiempo posible, porque ello hace que el Reino esté más presente en esta sociedad tan necesitada de Dios.

* Reino de justicia, de amor y de paz.


[1] Hemos de ser sinceros; sí, sinceros PARA DECIR, pero también sinceros PARA QUE TE DIGAN. Hace falta una sinceridad de ida, pero también de vuelta.


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