Sacerdote de la Archidiócesis de Oviedo (España) Párroco de la UP de san Lázaro del Camino (Oviedo)
viernes, 6 de mayo de 2016
miércoles, 4 de mayo de 2016
Domingo de la Ascensión del Señor (C)
8-5-2016 DOMINGO DE LA ASCENSION DEL SEÑOR (C)
En estos domingos pasados Jesús nos
encomendaba una serie de tareas: la de amarnos unos a otros como Él nos había
amado y nos ama (hace dos domingos), la de construir la paz (el domingo
pasado), y en el domingo de hoy (Ascensión del Señor) Jesús nos entrega una
nueva tarea a realizar: “SER MIS TESTIGOS en Jerusalén, en toda
Judea, en Samaria y hasta los confines del mundo” (Hch. 1, 8).
En los domingos anteriores hemos
profundizado un poco sobre el amor a los demás y sobre la construcción de la
paz. Hoy diré algunas palabras sobre la misión de ser testigos. Éstos son los
que dicen lo que vieron, lo que oyeron, lo que viven, lo que experimentan en
sus vidas. Pero no se trata de ser testigos de un accidente de tráfico, de un
asesinato, de una discusión, de una separación matrimonial, de un testamento,
de una boda… Se trata de ser testigos de Jesús: de su vida, de sus palabras, de
sus acciones. Voy a continuación a exponer tres testimonios de dos personas que
se esfuerzan por ser testigos de Jesús
1) El domingo pasado
leía una entrevista periodística hecha a Kike
Figaredo, jesuita gijonés en Camboya. A Kike se le conoce como ‘el obispo de la silla
de ruedas’, por su labor durante los últimos treinta años con los refugiados en
Camboya. Allí hay miles de minas antipersona que están matando y mutilando a
muchas personas desde hace más de 30 años. Kike se dedica a atender a estas
personas.
En
una parte de la entrevista Kike decía lo siguiente: “Los que creemos lo tenemos un poco mal
en Occidente. ‘Ah, ¿pero tú todavía crees?’ Como si fuera una fase de la vida y
parte del pasado. Una rémora. Eso es una visión muy negativa. No me parece
correcta. En Occidente están en contra de la mayoría de los seres humanos; los
miran mal, como retrasados por ser creyentes. En Camboya todo el mundo cree,
pero de manera diferente. En España, creer en Dios es casi como ser de una
secta. En España se cree que, por tener fe, se es una persona intransigente. Y
no es verdad” (ABC, 1-V-2016).
2) “La decisión de una joven
musulmana de convertirse al cristianismo saca a luz la precaria
situación de los musulmanes en Pakistán que quieren dejar la religión
musulmana. Sehar Muhammad Shafi, de 24 años, ha huido de Karachi, su ciudad
natal, con su marido y dos hijas pequeñas, luego de haber sido atacada y
violada por ‘cambiar de religión’. Shafi dijo que su familia vive con temor de
ser descubierta. ‘Mi esposo está dispuesto a conseguir un trabajo de
comercial’, dijo Shafi. ‘Sin embargo, no quiero que trabaje tan expuesto al
público, ya que así sería fácilmente reconocido’. Si bien el volver al Islam,
supuestamente, resolvería muchos de los problemas de Shafi, ella dijo que eso
ya no es una opción. ‘No es chiste cambiar de religión’, dijo. ‘Nos hemos
enamorado de Jesús; entonces, ¿cómo lo podríamos traicionar?’”
Por lo tanto, a la luz de estas
personas creyentes en Jesús vemos que ser testigos consiste, entre otras
cosas,
- en estar enamorados de
Jesucristo,
- en ser fiel a Jesús a pesar de
las incomprensiones, de las intolerancias de otras personas,
- en hacer el bien a los demás, en
no devolver mal por mal…
Sin
embargo, la festividad que hoy celebramos (la Ascensión de Jesús a los cielos)
nos enseña una gran verdad: nuestra vida no se acaba aquí. Jesús no vino a la
tierra para quedarse para siempre en ella. Una vez que Él cumplió su misión,
regresó con su Padre Dios, regresó al Reino de los Cielos. Y ahí quiere
llevarnos a todos nosotros una vez que hayamos atravesado la puerta de la
muerte. Hacia ese Reino vamos ahora, lo mismo que fue Jesús.
3) Termino contándoos algunas cosas
de una mujer a la que hace años acompañé
espiritualmente en vida y también en la hora de su muerte. Fue una mujer
que murió de cáncer. Se llamaba Tini. Cada vez que iba a verla recogía sus
palabras, que para mí eran como ‘perlas’. Os entrego alguna de estas ‘perlas’
de esta mujer que estaba entonces a la hora de la muerte e iba a ser
introducida en el Reino de Dios por Jesús, el cual subió primero para
prepararnos sitio. Aquí van estas ‘perlas’:
* Al quedar a solas
con Tini para administrarle los sacramentos me dijo que tenía una gran paz, que
el Señor estaba haciendo con ellas cosas grandes y que notaba que la estaba
preparando. Ella sentía como si estuviera subiendo una montaña y percibía que
estaba ahora muy cerca de la cumbre.
* Una de sus hijas le
decía: “Mamá, tú ¿por qué no lloras?”
Y Tini le contestó: “Porque a mí no se me
va a morir nadie”.
* Me decía Tini que
tenía que preparar yo la Misa
de su fallecimiento: que quería que fuera una Misa de alegría, y no de un
funeral de tristeza. Ella iba a pasar a otro lugar en donde estará mejor, me
decía.
* Decía Tini que sí
se encontraba algo mejor y que, si finalmente se curaba, sería gracias a Dios.
Pero si Dios la llevaba con Él, entonces también era gracias a Dios. “Yo siento paz y, mientras la sienta, quiere
decir que Dios me lleva con Él”.
* Decía también Tini:
“Noto que nada de lo que me hacen o me
dicen me parece mal. Sin ningún esfuerzo por mi parte, todo lo disculpo.
También es verdad que todos me tratan muy bien y son muy buenos conmigo”.
* “¡Cuánto noto la oración que hacen por mí!
¡Qué poder tiene la oración!”
* “No puedo pedir nada más a Dios. Sólo darle
gracias”.
* “Tenía que estar de rodillas en cada
momento. Es una maravilla todo lo que estoy viviendo”.
* “Con esta enfermedad estoy descubriendo
cosas que no podría descubrir por mucha oración que hiciera”.
* “Cuando viene un sacerdote a verme, y me
trae la comunión, o la unción, o me confiesa siento una alegría grande. Incluso
me la notan las compañeras de la habitación de la Residencia (de Avilés)”.
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