jueves, 26 de enero de 2012

Domingo IV del Tiempo Ordinario (B)

29-1-2012 DOMINGO IV TIEMPO ORDINARIO (B)
Dt. 18, 15-20; Sal. 94; 1 Co. 7, 32-35; Mc. 1, 21-28
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
El evangelio de hoy nos narra una situación con la que Jesús se halló en muchas ocasiones durante los tres años de su vida pública: el encuentro con hombres poseídos por espíritus inmundos u hombres endemoniados. Los entendidos en la Biblia tienden a interpretar estos endemoniados como personas con enfermedades misteriosas como la epilepsia, la histeria, las esquizofrenia, etc. Serían muy pocos –según estos estudiosos de la Biblia- los que realmente habrían estado poseídos por Satanás, tal y como se concibe hoy dicha posesión.
- Para entender mejor el relato que hoy se nos hace en el evangelio hemos de tener la misma visión (o lo más parecida posible) a la que tenían los judíos del tiempo de Jesús sobre los enfermos y los endemoniados: 1) Estos eran hombres dejados a su suerte, estaban incapacitados para ganarse el sustento, vivían en la mendicidad y, por tanto, en la miseria y el hambre. 2) Eran abandonados por sus familias, pues para los judíos la enfermedad y la posesión diabólica era un castigo de Dios por los propios pecados. 3) Estas personas eran una carga para sus familias, que no podían atenderlos ni con medicinas ni con médicos; también eran una carga, porque gastaban los pocos recursos familiares y no producían ni aportaban nada. 4) Eran un estigma por sus pecados y porque Dios les había castigado, y ello contagiaba y avergonzaba a sus familiares. Por eso, eran expulsados en muchos casos de sus familias o ya se iban ellos solos: pensemos en el caso de los leprosos.
Los enfermos y endemoniados padecían varios sufrimientos: sus dolencias físicas que no les dejaban dormir o les incapacitaban para llevar una vida normal; el abandono de su familia y de sus amigos, y así no podían participar en las actividades normales de su aldea: trabajo, fiestas, reuniones de vecinos, peregrinaciones…; sus crisis de fe y el verse alejados de Dios, pues todo el mundo les decía y ellos habían aprendido desde muy pequeños que la enfermedad y la posesión diabólica eran signo del castigo y abandono por parte de Dios por los pecados de la persona.
En el caso propiamente dicho de los endemoniados su situación era muy lastimosa. San Marcos nos da algunos datos de ello: hablo del endemoniado de Gerasa (Mc. 5, 1ss). 1) El endemoniado “corría por los montes” en un estado de soledad total; 2) “vivía en los sepulcros” excluido del mundo de los vivos; 3) estaba “atado con grillos y cadenas” por una sociedad aterrorizada por su presencia; 4) vivía “lanzando alaridos” en su incapacidad para comunicarse con los demás; 5) “se hería con piedras” víctima de su propia violencia.
- Jesús encontraba a estas personas tirados por los caminos, a la entrada de los pueblos o de las sinagogas tratando de conmover el corazón de las gentes. La respuesta de Jesús es ésta: 1) Se para ante ellos y los escucha. Les escucha la narración de sus miserias y, si no se las dicen, él las ve por sí mismo. 2) Jesús les acoge, se conduele de su situación, les toca. Les trata como personas dolientes y no como apestados o castigados de Dios. 3) Jesús les habla, les cura y les libera de su situación.
- No obstante, hemos de ser realistas. Con la curación de Jesús no se acaba la historia, no pone ‘fin’ la película, no es el ‘colorín colorado, este cuento se ha acabado’. ¿Qué pasa después con estas personas sanadas por Jesús? En la mayoría de los casos no se nos dice nada en el evangelio de lo que pasó tras la intervención milagrosa de Jesús. En otros casos –pocos- nos dice el evangelio algo: que si el curado quería permanecer al lado de Jesús y éste le dijo que se quedara por su pueblo anunciando el Reino de Dios, que si fuera el curado a presentarse al sacerdote para que constase su curación y pudiese ser plenamente admitido en la sociedad, ya que el castigo de Dios le había sido levantado. Pero vuelvo a preguntar: ¿qué fue de aquellas gentes al volver a sus casas, a sus familias, a sus pueblos? ¿Los recibirían bien o serían considerados como un estorbo al no creer del todo en su liberación de Satanás? Algunos en la familia puede que los recibieran bien, pero otros no tanto. Recuerdo el caso de una chica que era monja y venía por su casa en algunas ocasiones y todos la recibían con gran alegría. Pero un día esta monja dejó de serlo y volvió a la casa paterna y ya no fue recibida con la misma alegría: la cuñada la veía como un estorbo, el hermano como alguien que le iba a quitar la herencia, la sobrina como la tía que le obligaría a compartir su habitación que hasta entonces era para ella sola… Digo lo mismo cuando alguien se separa en su matrimonio y ha de volver a la casa paterna: solo o con hijos, y esto crea, vamos a decir, problemas de logística en la casa. Si esto pasa en la actualidad, no es raro pensar que pudiera pasar algo parecido con los enfermos y endemoniados curados por Jesús al volver a sus casas, a los entornos y ambientes que tenían antes de su enfermedad o posesión diabólica.
Por todo ello creo que unos recibirían con gran alegría la curación de Jesús, pero otros lo verían como un fastidio para su comodidad y para sus intereses.
- Termino: ¿Qué enseñanzas podemos sacar del evangelio de hoy para nosotros?
1) Sólo Dios es el que cura y libera al hombre de modo completo: en su físico, en su psicología y en su espíritu. En Él está nuestra salud y nuestra salvación. Por eso, le pido a Jesús en mi oración que increpe a los malos espíritus que hay dentro de nosotros y que los mande callar, pues nos atormentan y no nos dejan tener paz, y también le pido a Jesús que les ordene que se marchen de nosotros.
2) Nosotros hemos de aprender de Jesús a la hora de tratar a los hombres, tanto sanos como enfermos: pararnos ante ellos y escucharlos, acogerlos y hablarles, y, en la medida de nuestras posibilidades, liberarles de su situación.
3) Ser generosos y acoger a las personas que han sido liberadas por Jesús y no pensar egoístamente en nuestros intereses y comodidades.

jueves, 19 de enero de 2012

Domingo III del Tiempo Ordinario (B)

22-I-2012 DOMINGO III TIEMPO ORDINARIO (B)
Jon. 3, 1-5.10; Sal. 24; 1 Co. 7, 29-31; Mc. 1, 14-20
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
Empieza el evangelio de hoy con las palabras iniciales de Jesús en su predicación: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios: convertíos y creed la Buena Noticia”. En la homilía de hace 3 años, es decir, en el Domingo III del Tiempo Ordinario de 2009 prediqué sobre la palabra “convertíos” y hablé de la conversión. Hoy quisiera hablaros sobre el final de la frase de Jesús: “creed la Buena Noticia”.
Sí, Cristo es quien nos trae la Buena Noticia a todos los hombres. Los cristianos somos los hombres de la Buena Noticia. A nosotros se nos ha anunciado y nosotros hemos de transmitirla a los demás. Voy a poner un ejemplo. No es un ejemplo de un santo, sino de un ateo. Es un ejemplo de cómo un ateo ve a los cristianos, en este caso en África. (Es una cita un poco larga, pero muy jugosa). “Yo, ateo, digo que África no necesita dinero, sino a Dios y los misioneros -así lo explica el periodista ateo, exdiputado y experto en África Matthew Parris-. Poco antes de Navidad regresé, tras 45 años de ausencia, a Malaui. Viajé allí con una pequeña ONG británica, que ayuda a comunidades rurales a instalar pozos sencillos para proporcionar agua limpia, para ver su trabajo. Este viaje, además de renovar mi fe en las organizaciones de ayuda al desarrollo, me refrescó otra creencia que he intentado en vano desterrar de mi vida, que siembra la confusión en mi ideología, que se niega testarudamente a encajar en mi visión del mundo y que ha dejado en mal lugar mi idea de que Dios no existe. Aunque soy un ateo convencido, tengo que reconocer la enorme contribución que el cristianismo realiza en África: totalmente distinta del mundo de las ONG seculares, los proyectos gubernamentales y los esfuerzos de ayuda internacional. Todos los anteriores, por sí mismo, no bastan. En África, el cristianismo cambia los corazones de la gente y trae una transformación espiritual, un nuevo nacimiento y un cambio que es real. Hace años intenté evitar confrontarme con esta verdad limitándome a aplaudir el trabajo práctico de las misiones en África. Solía razonar así: es una pena que la salvación sea parte de esta labor, porque los cristianos —blancos y negros— que trabajan en África curan a los enfermos, ayudan a la gente a leer y escribir. En aquella época yo concedía que si la fe motivaba a los misioneros, muy bien; pero lo que contaba era la ayuda, no la fe. Pero me he dado cuenta de que esto no corresponde a la realidad. Teníamos amigos misioneros, y cuando yo era niño a menudo nos quedábamos con ellos en la aldea africana. En la ciudad, teníamos empleados africanos que se habían convertido y que eran unos grandes creyentes. Los cristianos siempre eran diferentes. Su fe, lejos de haberlos achantado, parecía haberlos relajado y liberado. Eran personas que tenían una vivacidad, una curiosidad, un compromiso con el mundo y una manera directa de tratar a los demás que parecían estar ausentes en la vida tradicional africana. Cuando tenía 24 años, un viaje largo por el continente me reafirmó en esta impresión. Viajé por tierra en un Land Rover con otros cuatro amigos estudiantes. Cada vez que entramos en un territorio donde había misioneros teníamos que reconocer que algo cambiaba en las caras de la gente que encontrábamos y con los que hablábamos: algo presente en sus ojos, la forma de acercarse a ti directamente, sin bajar la cabeza ni tener la mirada perdida. Esta vez en Malaui ocurrió lo mismo. No encontré a ningún misionero. Nadie se los encuentra en los salones de los hoteles de lujo discutiendo documentos de desarrollo estratégico, como ocurre con las grandes ONG. Encajaría mejor en mi mentalidad pensar que la honradez, diligencia y optimismo que derrochaban en su trabajo no tenía conexión con su fe personal. Pero, aunque el trabajo de los cristianos era secular, estaba influido por lo que eran, y su ser estaba influido por una concepción del lugar del ser humano en el universo que les ha enseñado en cristiano. La ansiedad, el miedo a los malos espíritus... penetra profundamente toda la estructura del pensamiento africano tradicional, donde un enorme peso cae sobre el individuo, sofocando su curiosidad y haciendo que la gente no tome la iniciativa y no lleve las riendas de su vida... Los que quieren que África camine con la cabeza alta en el siglo XXI deberían pensar que los medios materiales y lo que llamamos el desarrollo, no efectuarán el cambio por sí mismos. Primero, hay que suplantar todo un sistema de creencias. Un África sin cristianismo dejará el continente a merced de la nefasta fusión entre Nike, el hechicero, el teléfono móvil y el machete. El cristianismo libera”.
Bien, ésta es la visión y la experiencia que tiene un ateo de los cristianos africanos. Estos han recibido la Buena Noticia de Jesús y ella les ha transformado para bien suyo y de quienes les rodean. Pero, ¿cuál es esa Buena Noticia que nos anuncia Jesús? ¿Cuál es esa Buena Noticia que nos libera y que tanto llama la atención a muchas personas? ¿Cuál es esa Buena Noticia que hemos de creer?
- La Buena Noticia predicada y vivida por Jesús es que Dios nos ama. La semana pasada me contaban que en Asturias hay un matrimonio no creyente y a sus hijos los tiene sin bautizar. Una de sus hijas ha visto escrito en una pared: “Dios te ama”. Y la niña se pregunta: ‘Pero, ¿por qué me ama Dios?’ Sí, Dios nos ama a todos y, como dice Jesús, Dios “hace salir su sol sobre malos y sobre buenos, y manda su lluvia sobre justos y sobre injustos” (Mt 5, 45). Su amor es incondicional y eterno. No tenemos que hacer nada para que nos ame. No es que primero nos haya creado y luego nos ame. Es justo al revés: nos amó primero y por eso nos ha creado.
- La Buena Noticia predicada y vivida por Jesús es que Dios no es simplemente nuestro Rey, nuestro Creador… Dios es sobre todo nuestro Padre. Dios es sobre todo nuestra Madre. No se mira Dios al espejo de los hombres para aprender a amar como, por ejemplo, lo haría un padre o una madre humanos. Es justo al revés: son los padres quienes tienen que mirar al espejo de Dios Padre-Madre y así aprenderán cómo han de relacionarse con sus hijos.
- La Buena Noticia predicada y vivida por Jesús es que Dios no tiene en cuenta mis fallos eternamente. El lunes me decía un padre que su hija de 23 años sufre porque ve que otros, a su edad, ya han terminado sus estudios y ya trabajan, y ella aún sigue estudiando, le falta un tiempo para acabar, y ha perdido en tantas ocasiones miserablemente el tiempo. A Dios no le importa nuestro pasado de pecado. Para nosotros los pecados del pasado pueden ser una losa muy pesada: ¡cuántos errores, cuántos fallos, cuantos silencios culpables, cuántas palabras mal dichas, cuántas omisiones…! Todo esto nos importa más a nosotros que a Dios. Dios siempre mira para adelante, y nosotros tantas veces miramos sólo para atrás. Estamos anclados en el pasado y nos negamos a reconocer que cada día tiene sus 24 horas sin escribir. Cada día es nuevo para vivir. Estando Dios a nuestro lado, ¿por qué tenemos tanto miedo?
- La Buena Noticia predicada y vivida por Jesús es que no todo está mal, que hay esperanza para los hombres.
- La Buena Noticia es Jesús mismo. Quien le tiene a Él tiene a Dios. Quien tiene, acepta y acoge a Jesús consigo tiene todo.
Nuestra tarea, por lo que nos dice Jesús hoy, es creer en esta Buena Noticia y vivir según ella.

jueves, 12 de enero de 2012

Domingo II del Tiempo Ordinario (B)

15-1-2012 DOMINGO II TIEMPO ORDINARIO (B)
Sam. 3, 3b-10.19; Sal. 39; 1 Co. 6, 13c-15a.17-20; Jn. 1, 35-42
http://www.blogger.com/img/blank.gif
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
Al preparar esta homilía me fijé en un detalle del evangelio: cuando San Juan y San Andrés, que eran los dos discípulos que estaban con San Juan Bautista y luego siguieron a Jesús, fueron a ver dónde vivía Jesús, se nos dice que “serían las cuatro de la tarde”. Este dato no tiene importancia alguna, por lo que se ve a simple vista, en el resto del relato que se nos hace del encuentro de Jesús con sus futuros apóstoles, pero, sin embargo, San Juan Evangelista lo reseña en el texto. Por eso, a esta homilía la voy a llamar la homilía de los DETALLES.
Creo que os dais cuenta que nuestra vida está hecha de pequeños detalles, muchas veces sin importancia, pero que quedan retenidos en nuestra memoria y en nuestra retina. Estos detalles, quizás irrelevantes, pueden estar asociados para siempre a los grandes acontecimientos de nuestra vida: el primer encuentro con el ser amado (nos quedamos con el detalle de una prenda de ropa, de un lugar, de un olor…[1]), el nacimiento de un hijo, una muerte, el surgir de una vocación religiosa[2], un hecho de nuestra infancia, un tema de estudios[3], etc.
- Eran las cuatro de la tarde. Juan y Andrés se encuentran con Jesús y le preguntan dónde vive. No nos dice el evangelio dónde vivía Jesús: si era una casa, o era una posada, o era un chamizo, si era en una aldea o en una ciudad, si había muchas habitaciones o pocas. No nos dice el evangelio con quién vivía Jesús: si sólo o acompañado, si con amigos o familiares, si ellos eran los primeros discípulos o ya había otros antes. No nos dice el evangelio en qué trabajaba o de qué comía Jesús. No nos dice el evangelio qué vieron o qué hablaron Juan y Andrés con Jesús. ¡Cuánto no habría gustado que Juan y Andrés nos hubiera contado lo que Jesús les dijo entonces, qué fue lo que les encandiló para dejarlo todo por Él! Simplemente nos dice el evangelio: “Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; serían las cuatro de la tarde”.
- Encuentra PRIMERO a su hermano Simón. Parece ser que estuvieron Juan y Andrés con Jesús hasta el anochecer y luego regresaron a sus casas. Ellos se marcharon de junto a Jesús “tocados”. ¿Por qué sabemos esto? Pues porque enseguida Andrés, al ver a su hermano Simón, le dice: “Hemos encontrado al Mesías”. Pero no le basta con habérselo dicho. El evangelio añade: “Y lo llevó a Jesús”. Sin embargo, quisiera fijarme en el detalle que escribo al principio de este párrafo: Nos dice el evangelio que el primero al que encontró Andrés al dejar a Jesús fue a su hermano Simón. Cuando se escribe este evangelio han pasado ya unos 50 ó 60 años de los hechos narrados y San Juan Evangelista recuerda, a pesar de los años transcurridos, el detalle de que el primero que encontró Andrés al volver a su casa fue a su hermano Simón. Seguro que también iban juntos Juan y Andrés, Y por eso se le quedó grabada en su memoria este detalle.
- Jesús se le quedó MIRANDO. Cuando Andrés llevó a Simón ante Jesús, Éste le dijo que, a partir de ese momento dejaría de llamarse Simón y pasaría a llamarse Cefas: piedra, Pedro. Pero antes de hablar Jesús, nos dice Juan que Él se quedó mirando a Simón. Y el detalle de la mirada de Jesús a Pedro tuvo que ser algo llamativo para Juan –seguro que él estaba igualmente presente en este encuentro-, pues se le quedó grabado en su retina cómo Jesús miró a Pedro. Jesús miró a Pedro como no le había visto mirarle a él mismo o a Andrés. Debió de ser una mirada especial, de ahí que Juan reseñe este detalle en el evangelio.
PEQUEÑOS DETALLES PARA GRANDES ACONTECIMIENTOS.
- Pensemos y oremos esta semana un poco en nuestra vida. En esos pequeños detalles que acompañan esos grandes momentos de nuestra vida. También hay pequeños detalles para los hechos más sencillos de nuestra vida ordinaria, y asimismo hay pequeños detalles que iluminan o dan fuerza al paso de Dios por nuestra vida de cada día
.
[1] “Encontré a Celia, mi mujer, salida como yo de Filosofía, en la biblioteca de la facultad donde hacía poco había comenzado a trabajar. Después de una larga conversación que mantuvimos, me despedí, bajé por el ascensor, salí a la calle y, caminando lentamente, sentí una especie de estupor, mientras me decía a mí mismo: ‘he conocido a mi mujer’. Yo no la merecía y sigo sin merecerla después de cincuenta años” (H Bojorge, La casa sobre roca, Lumen, Buenos Aires, 2005, 60). (Lo que está en negrita son los “detalles”).
[2] “Mi vocación religiosa nació cuando tenía 18 años. Recuerdo aquel día, hacía sol; mamá y yo íbamos con el carrito para hacer las cosas, comprar, etc.; yo con mi cabecita pensando en chicos, ponerme más guapa… Pasamos por los Capuchinos, mi mamá entró. Es muy cristiana; yo, despistada, entré con ella. Un día como otro cualquiera. Ella se arrodilló y en su profunda oración se sumergió. Era un día como otro cualquiera, un día más. Me arrodillé por costumbre, como un día más. En ese momento una Paz inmensa, terriblemente sensible inundó todo mi ser. Allí vi a mi lado una talla de tamaño natural de Jesús crucificado derramando Amor y Misericordia. Él había dado TODO gratis sin yo merecerlo: con silencio, sin palabras, sin publicidad”.
[3] Era junio. Yo tenía casi 12 años. Había terminado 1º de bachiller e iba a recoger las notas de fin de curso. Me acompañaba un vecino, que era algo mayor que yo. Vi mis notas y había aprobado todo. ¡Mi primer curso en el Instituto haciendo bachillerato y lo había aprobado todo en junio! Sentí una gran alegría. De repente, un compañero de mi curso se me acercó y, en plan de broma, me dio una patada suave en el trasero. Yo, que estaba tan contento, le dije: “¡Gracias!” Él se rió de mis palabras y me quedó grabada la cara de sorpresa de mi vecino por mi reacción.

viernes, 6 de enero de 2012

Bautismo del Señor (B)

8-1-2012 BAUTISMO DEL SEÑOR (B)

Is. 42, 1-4.6-7; Sal. 28; Hch. 10, 34-38; Mc. 1, 7-11


Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

Celebramos hoy la festividad del Bautismo del Señor. El 25 de diciembre celebrábamos que Jesús había nacido; hoy, 8 de enero, celebramos su bautismo. Éste es el inicio de su vida pública. Han pasado 30 años desde una fecha hasta la otra. Este período de tiempo es lo que se conoce como la vida oculta de Jesús. Sí, Jesús nació en Belén; vivió sus primeros años de vida en Egipto, pero enseguida sus padres le llevaron a Nazaret, en donde estuvo hasta que cumplió los 30 años.

Con su bautismo Jesús inaugura los tres años que dedicará a anunciar el evangelio de su Padre Dios. También nosotros inauguramos (o deberíamos de empezar) con nuestro bautismo una vida de fe, de trato íntimo, personal y constante con Dios, y una vida de anuncio del mensaje de Jesús. Su bautismo es modelo para nuestro bautismo; su vida debe ser modelo para nuestra vida.

Vamos a profundizar un poco en el evangelio que acabamos de escuchar:

Dice San Juan Bautista: “Yo os he bautizado con agua, pero Él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo”. Cuando San Juan predicó y anunció un bautismo de conversión, se formaron tres grupos de personas: 1) aquellos que le escucharon y… no le hicieron caso (fariseos, Herodes, los sabios de Jerusalén, los hombres ricos de Israel…); 2) aquellos que sí hicieron caso de San Juan Bautista, se arrepintieron de sus pecados, se convirtieron y se hicieron bautizar por San Juan; 3) aquellos que fueron bautizados por San Juan, pero después siguieron a Jesús y recibieron el bautismo de Jesús. Hoy voy a hablaros de los grupos segundo y tercero.

Los del grupo segundo fueron bautizados únicamente con agua, según las palabras del mismo San Juan Bautista[1]. Ser bautizado con agua significa que esa persona ha escuchado el mensaje de Dios, ha visto su propio pecado o sus propios pecados, se ha arrepentido de ellos, quiere cambiar y pide el bautismo de agua. Este bautismo de agua no tiene fuerza por sí mismo. El bautismo de agua es un signo y un compromiso entre el bautizado y el que bautiza. El primero hace el propósito de llevar una vida honesta, honrada y según la voluntad de Dios. El que bautiza recoge este compromiso. Pero el propósito se hace en base a las propias fuerzas de uno. Uno mismo es quien lleva una vida honesta. Uno mismo es quien lleva una vida honrada. Uno mismo es quien sigue la voluntad de Dios. Uno lo hace y Dios lo mira y lo ve, como quien ve los toros desde la barrera.

Los del grupo tercero fueron bautizados con agua y con Espíritu Santo. Ser bautizado con Espíritu Santo significa que esa persona ha escuchado el mensaje de Dios, el Espíritu le ha hecho ver su propio pecado o sus propios pecados, el Espíritu le concedido el don del arrepentimiento de ellos, y esa persona siente una fuerza interior que le impulsa al cambio y a la conversión. Este bautismo con Espíritu Santo tiene fuerza por sí mismo. La fuerza no procede del hombre pecador, arrepentido y convertido. NO. La fuerza, el perdón, el arrepentimiento, la conversión, la salvación, la santidad de vida… procede sólo y exclusivamente del Espíritu Santo, pero con la colaboración del creyente. Ciertamente hay una conjunción del hombre y de Dios, de lo humano y de lo divino, del agua (que aquí representa al hombre) y del Espíritu Santo.

Veamos en un cuento esta conjunción del hombre y de Dios, de Dios y del hombre. “Dicen que un hombre convirtió, en el espacio de dos años, un territorio pedregoso en un jardín lleno de flores que se hizo famoso en la comarca. Un día un santo varón pasó por el jardín y, para que el jardinero no olvidara quién era el Creador Supremo de su obra, le dijo: ‘Jardinero, este jardín tan hermoso es una verdadera bendición que Dios te ha dado’. El jardinero comprendió el mensaje y le respondió: ‘Tienes razón, santo varón. Si no fuese por el sol y por la lluvia, por la tierra y por el milagro de las semillas y por las estaciones del año, no tendría ningún jardín. ¡Pero deberías haber visto cómo estaba este lugar hace dos años, cuando Dios lo tenía sólo para sí mismo…!’”.

Moraleja: Dios nos da sus dones, su santo Bautismo y su Santo Espíritu, que es con mucho lo principal, pero también Dios necesita de nuestra colaboración para que se realice el milagro de la santidad. Ojalá un día también nosotros escuchemos, como escuchó Jesús, a Dios Padre decir sobre nosotros: “Tú eres mi hijo amado, mi preferido”.

[1] Se dice por parte de algunos estudiosos que hoy día aún existen algunos discípulos de San Juan Bautista. Son los llamados mandeos. Su número no supera los 60.000 en todo el mundo. Principalmente están ubicados en Irak. Los mandeos nunca han aceptado a Jesús, a quien consideran un traidor que fue crucificado por Dios como castigo por volverse contra Juan el Bautista. Los mandeos obedecen diecisiete mandamientos. Un rasgo curioso es que la continencia se considera impiedad y quien no engendra hijos, no tendrá un lugar en el cielo, por lo cual el matrimonio es obligatorio y la poligamia está permitida. En el mandeísmo las mujeres poseen exactamente el mismo valor social, rango y respeto que el hombre. Las ceremonias más importantes de los mandeos son el entierro, la fiesta de los muertos y el bautizo. La ceremonia del bautizo tiene su origen en Juan el Bautista, quien es el último los profetas de los mandeos. Cada mandeo es bautizado varias veces a lo largo de su vida aunque sería deseable un bautizo cada domingo, pues, según la concepción mandea, durante la ceremonia del bautizo es cuando más nos acercamos al reino de la luz. Gracias a la inmersión ritual obtenemos el perdón de los pecados, la curación de las enfermedades y la expulsión de los demonios.

miércoles, 4 de enero de 2012

Epifanía (B)

6-1-2012 EPIFANIA DEL SEÑOR (B)
Is. 60, 1-6; Sal. 71; Ef. 3, 2-3a.5-6; Mt. 2, 1-12
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
Celebramos hoy la festividad de la Epifanía del Señor, más conocida como la festividad de los Reyes Magos. Como ya os he dicho en otras ocasiones, “Epifanía” es una palabra que procede del griego y que significa “manifestación”. En el evangelio del domingo pasado leíamos cómo el Niño Dios se había manifestado (Epifanía) al pueblo de Israel personificado en los pastores. Hoy, día de 6 de enero, leemos cómo el Niño Dios se manifiesta (Epifanía) a unos extranjeros, a los magos de oriente.
- Me llama la atención que gran parte del relato que nos hace hoy el evangelio se centre en narrar las reacciones de Herodes, de los sumos pontífices y de los letrados del país ante el nacimiento de Jesús. Ellos tenían ante sí todos los medios para conocer y reconocer al Mesías de Dios, pero NO se movieron ni un paso de sus casas y de sus palacios para acercarse a Belén. Sin embargo, los pastores SÍ dejaron sus rebajos, su descanso bien merecido para ver al Niño Dios y para estar con Él. Igualmente los magos de oriente SÍ dejaron las seguridades de sus casas y de sus países para ver y adorar al Niño Dios, pero –repito- Herodes, los sacerdotes judíos y los sabios no movieron ni un músculo para ir ante el Hijo de Dios. Si hubiera venido el emperador romano a Israel, entonces sí que hubieran dejado todo para estar con él; pero para ver a Dios, al Mesías no se movieron nada; no le dieron importancia. A estas gentes (Herodes, los sacerdotes judíos y los sabios) da ganas de decirles aquel dicho tan de nuestros días: “¡Que no te enteras, Contreras!”
Pero este no enterarse es bastante común entre nosotros, los humanos. Veamos un poco lo que sucede a nuestro alrededor: 1) Un chico de Túnez empezó las revueltas en el mundo árabe al quemarse a lo bonzo por la corrupción generalizada de sus gobiernos. Los jefes árabes no se enteraban o no querían enterarse de los que sucedía entre sus ciudadanos. Y tanto tiraron de la cuerda, que, al final, ésta rompió. Los medios de comunicación han tomado como fecha de inicio de la revuelta en Túnez y por consiguiente en todo el mundo árabe el viernes 17 de diciembre de 2010, cuando el joven universitario y vendedor ambulante Mohammed Bouazizi se quemó a lo bonzo en la ciudad de Sidi Bouzid, para protestar por la acción de la policía que, al confiscarle su puesto callejero de venta de frutas, le había condenado al paro y a la miseria más absoluta. Los hechos continuaron por la reacción de la población con fuertes protestas ante el suceso, así como el incremento excesivo de los precios en los alimentos básicos, la corrupción, las malas condiciones de vida de los habitantes tunecinos y la falta de oportunidades para superar la crisis económica que sufría el país desde 2008. Después de Túnez las revueltas pasaron a Egipto, a Yemen, a Marruecos, a Jordania, a Libia, a Siria… Ahora muchos jefes árabes quieren “enterarse”, pero ya es tarde en muchos casos. Ahora muchos jefes árabes (Gadafi, Mubarak, Ben Alí) quisieran “haberse enterado”, pero ya es tarde en muchos casos.
2) También podríamos decir lo mismo (“¡Que no te enteras, Contreras!”) con lo de la crisis económica. Era anunciada por algunos, pero mucha gente no quiso enterarse y siguieron endeudándose, comprando y huyendo hacia adelante hasta que “les pilló el toro”. Supe del caso de un avispado hombre de negocios que a mediados de la década de 2000 cogió su dinero, el dinero de sus hijos y de sus conocidos y compró unos terrenos; los edificó y vendió las viviendas sacando mucho dinero. Al ver la ganancia, de más de un 500 %, más gente, además de los primeros, le confió su dinero a este avispado hombre de negocios, e incluso éste hombre pidió dinero prestado al banco e hipotecó su casa; luego con todo el dinero que había reunido compró otros terrenos y los edificó, pero cuando fue a vender la nueva remesa de viviendas… era ya 2009, y entonces no se vendía nada. Al final, este hombre perdió el dinero de sus amigos, de sus conocidos, de sus familiares, de sus hijos, el suyo propio, su casa de toda la vida… Ahora muchos avispados negociantes, empresarios, obreros, amas de casa, padres de familia, gobernantes, etc. quisieran “haberse enterado”, pero ya es tarde en muchos casos.
Pues, como dije más arriba, así sucedió en Israel: Herodes, los sacerdotes judíos y los sabios iban a lo suyo y a pesar de las señales que les venían, no quisieron enterarse de lo que sucedía muy cerca de ellos. El acontecimiento universal y cósmico, el hecho más importante de la humanidad, es decir, el nacimiento del Hijo de Dios para ellos pasó entonces desapercibido. Ellos estaban muy cómodamente instalados en su vida y en Israel. Un Mesías les traería problemas y complicaciones, por eso quisieron “pasar” de la noticia, o quisieron ahogarla en sangre, como Herodes con los Santos Inocentes. Ahora, me consta por la fe, Herodes, los sacerdotes judíos y los sabios quisieran “haberse enterado”, pero ya es tarde en muchos casos.
- Tengo miedo que también a nosotros se nos diga hoy día aquello de “¡que no te enteras, Contreras!”, en referencia a la venida de Jesús, el Hijo de Dios a nuestras vidas, a nuestro mundo. No dejemos que las fiestas, las reuniones de familia, las comidas, las pagas extras, los problemas y discusiones, el deseo que pasen pronto estos días, que para muchos son de los más tristes del año…, nos impidan enterarnos de lo que realmente importa: Dios nos entrega a su Hijo querido para nuestra salvación y para nuestra alegría. No dejemos que los “Herodes, los sacerdotes judíos y los sabios” de ahora nos arrebaten esta alegría y a este Jesús, y no dejemos que se desvíe nuestra atención. Si ellos quieren ver otras cosas, que las vean. Nosotros sabemos bien dónde está nuestro tesoro. Los que quieren enterarse, como los magos de oriente y los pastores, entonces se llenan de inmensa alegría, pueden entrar en el corazón de Jesús y pueden ver a éste con María, su madre.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Santa María, Madre de Dios (B)

1-1-2012 SANTA MARIA, MADRE DE DIOS (B)

Núm. 6, 22-27; Sal. 66; Gál. 4, 4-7; Lc. 2, 16-21


Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

- En el evangelio se nos habla de unos pastores. Estos estaban pasando la noche en las inmediaciones de Belén y les sucedió que unos ángeles se les aparecieron y les hablaron de un niño que acababa de nacer. Este niño sería el salvador de Israel y de todos los hombres.

¿Conocéis algo del oficio de pastor de ovejas? Yo conozco muy pocas cosas. En el evangelio se nos dice que los pastores de Belén hacían turnos por la noche para cuidar el rebaño. Parece que es una vida bastante dura. Creo que sabéis que nací en León y allí paso algunos días en los veranos. Tienen mis padres una casa en los alrededores de la Virgen del Camino y varias veces a la semana pasa por allí un pastor con su rebaño de unas 100 ó 150 ovejas. Le acompañan 2 ó 3 perros. Cuando el sol está en lo más alto y no hay ningún árbol ni ninguna sombra en la cual guardarse, por allí está el pastor y su rebaño. Cuando hay tormentas con abundante lluvia y aparato eléctrico, allí está el pastor con su rebaño. El pastor tiene que tener cuidado de que las ovejas no entren en algunos terrenos con siembra. Sólo cuando se la cosechado el terrero, puede permitir el pastor que las ovejas entren en aquel sitio a pastar. En otras ocasiones el pastor tiene que tener cuidado de que las ovejas no coman de las plantas que salen por encima de las tapias de las casas de campo, pues a veces las señoras protestan por ello. En invierno también sale el pastor con el rebaño. Podría dejarlas en el establo y darles de comer pienso, pero éste está tan caro…, y lo más barato es sacarlas, aunque a costa de estar tiritando de frío y soportando mojadura tras mojadura. Además, el pastor ha de soportar el ataque de los perros asilvestrados contra las ovejas o de algunos lobos, según las zonas, y ha de tener cuidado de las enfermas, de las preñadas y de las que paren en cualquier momento. No hay día de descanso para el pastor. Trabaja los 365 días del año y casi las 24 horas del día. Un pastor no puede ponerse enfermo. ¿Quién atenderá el rebaño si él enferma? Pues las ovejas y los perros no reconocerán a un extraño que venga a hacer una sustitución de un día o de una semana.

¿Por qué digo todo esto? Simplemente para que caigamos en la cuenta que los pastores, de que nos habla el evangelio de hoy, no eran gentes ingenuas o débiles. Eran personas endurecidas por la vida y seguramente desconfiadas. Tampoco creo que estuvieran bien pagados. Ser pastor debía ser, lo mismo que hoy, un oficio de los menos apetecidos: mucho trabajo, muy duro, mal pagado, mucho tiempo fuera de casa, lo cual impedía una convivencia familiar normal y habitual.

Pues bien, ante estos pastores: endurecidos, desconfiados y mal valorados en la sociedad de Israel, se presentan los ángeles de Dios a anunciarles el nacimiento de su Hijo y los pastores creyeron en aquel anuncio que se les hizo[1]. Como dice una poesía, al nacimiento de Jesús no fueron invitados ni Herodes, ni los fariseos, ni los grandes de este mundo, sino los pastores, lo más bajo de la sociedad. Herodes supo del nacimiento de Jesús, nos dice el evangelio, por boca de los magos de oriente. También supieron del nacimiento de Jesús los sabios del palacio de Herodes y los sabios de Jerusalén, pero ninguno de ellos quiso acudir a Belén a ver al Mesías de Dios, y eso que hacía ya siglos que los profetas de Dios habían anunciado su venida.

¿En qué grupo me encuentro yo? Está claro que Dios anuncia su evangelio a todos los hombres. Dios habla con todos los hombres. Unos le hacen caso y otros no. Unos alaban y dan gloria a Dios y otros lo desprecian o pasan de Él. ¿En qué grupo me encuentro yo?

- Hoy quisiera terminar esta homilía con una referencia a otro tipo de pastores. También se nos llama pastores a los sacerdotes. Dios nos ha enviado un día a sus santos ángeles; ellos, en nombre de Él, nos han anunciado el nacimiento del Hijo de Dios para que vayamos a adorarlo y demos la enhorabuena a San José y a la Virgen María, y luego contemos a los demás los que hemos visto y oído (“Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores”).

Quiero hoy orar y pedir al Niño Dios por todos los sacerdotes, mis compañeros. Aquellos que tienen dudas de fe; aquellos que están ya cansados y desalentados; aquellos que corren peligro en Irak o Nigeria y les matan junto con sus feligreses con bombas en sus parroquias; aquellos que soportan la extorsión, secuestro y muerte violenta de sus feligreses en Veracruz y en otras partes de México; aquellos que siguen por pura inercia en su sacerdocio y que aconsejan a jóvenes y niños que no se metan en el Seminario, como ellos hicieron un día; aquellos que siguen ilusionados y con alegría en su tarea pastoral; aquellos que, pudiendo llevar una vida más fácil, renuncian a ello por amor a ese Niño Jesús que un día se les apareció en su corazón; aquellos que, como la Virgen María, siguen conservando en su espíritu “todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.



[1] “En aquel tiempo, los pastores fueron corriendo a Belén y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que les habían dicho de aquel niño […] Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho”.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Navidad (B)

25-12-2011 NAVIDAD (B)

Is. 52, 7-10; Slm. 97; Hb. 1, 1-6; Jn. 1, 1-18


Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

Una año más celebramos el nacimiento del Hijo de Dios, del Niño Jesús. Ésta es una historia tan antigua y, sin embargo, una historia nueva y real para tantas personas hoy día.

Voy a fijarme en la homilía en dos frases del evangelio y hacer un pequeño comentario de ellas:

- Navidad es ser poseído por la luz de Dios. “La Palabra (Jesús) era la luz verdadera”. En diversos pasajes de la Biblia se define y se describe la presencia de Dios como algo luminoso frente a la oscuridad de la lejanía de Dios. Dios es realmente la fuente de la luz; así, podemos asegurar que la luz verdadera procede únicamente de Jesús, pero, sobre todo, el evangelio nos dice que es Jesús mismo esa luz verdadera.

Sí, necesitamos la luz de Jesús para ser capaces de ver y reconocer a Dios a nuestro alrededor y en nuestro interior. Cuando un hombre dice que no cree en Dios, que no ve a Dios, de lo que está hablando no es de la existencia o no de Dios, sino de su propia ceguera por no verlo.

Necesitamos la luz de Jesús para que nos alumbre y nos haga ver las cosas tal y como son, por ejemplo, que los otros no son tan perversos ni nosotros tan buenos. Decía Fr. Luis de Granada que los hombres tenemos un corazón de siervo para con Dios, un corazón de juez para el hermano y un corazón de madre para nosotros mismos. Si Jesús nos da su luz, entonces cambiaremos esta visión y tendremos un corazón de hijo para con Dios, un corazón de madre para el hermano y un corazón de juez para con nosotros.

- Navidad es la cercanía de Dios con el hombre, sobre todo con el que sufre. Y Jesús “se hizo carne y acampó entre nosotros”, dice el evangelio de hoy. ¿Qué significa que el Hijo de Dios haya tomado nuestra propia carne y se quede con nosotros para siempre? Porque esto es lo que representa la Navidad realmente. Después de la caída del régimen comunista en la URSS, dos americanos fueron invitados en 1994 por el Ministerio de Educación de Rusia para enseñar en algunos lugares moral y ética, pero que estuvieran basadas en principios bíblicos. Uno de los lugares a donde acudieron los americanos aquellos fue a un orfanato con casi 100 niños, que habían sido abandonados por sus padres y estaban bajo la tutela del Estado. Cuando estos dos americanos fueron a este orfanato estaba ya cerca la fiesta de la Navidad y les contaron a los niños la historia del nacimiento de Jesús: Les contaron que María y José llegaron a Belén, que no encontraron lugar en las posadas, que por ello tuvieron que irse a un establo, en donde finalmente nació el niño Jesús y fue puesto en un montón de pajas por su madre, que poco después unos pastores trajeron regalos para el niño y también hicieron lo mismo unos magos venidos de oriente. A lo largo de la historia, los niños y los empleados del orfanato no podían contener su asombro. Algunos estaban sentados al borde de la silla tratando de captar cada palabra. Una vez terminada la narración los americanos plantearon a los niños la idea de hacer entre todos un “belén” con trapos, cartones, papeles…, y todo el mundo se puso a ello. Mientras los huérfanos estaban atareados armando todo aquello, paseaba uno de los americanos por entre los niños hasta que llegó a Misha, que tenía unos seis años y que había puesto en el establo dos niños. El americano llamó al intérprete para que preguntara a Misha por qué había puesto dos bebés, si en la narración se hablaba de un solo bebé. Entonces Misha repitió toda la historia del nacimiento de Jesús, pero, cuando llegó a la parte en donde María colocaba a su hijo en la cuna, Misha inventó su propio final, y dijo así: “Y cuando María dejó al bebé en el pesebre, Jesús me miró y me preguntó si yo tenía un lugar para estar. Yo le dije que no tenía mamá ni papá y que no tenía un lugar para estar. Entonces Jesús me dijo que yo podía estar allí con él. Le dije que no podía, porque no tenía un regalo para darle. Pero yo quería quedarme con Jesús, por eso pensé qué cosa tenía que pudiese darle a él como regalo; y se me ocurrió que un buen regalo podría ser darle calor. Por eso le pregunté a Jesús: ‘Si te doy calor, ¿ése sería un buen regalo para ti?’ Y Jesús me dijo: ‘Si me das calor, ése sería el mejor regalo que jamás haya recibido’. Por eso me metí dentro del pesebre y Jesús me miró y me dijo que podía quedarme allí para siempre”. Cuando el pequeño Misha terminó su historia, sus ojitos brillaban llenos de lágrimas empapando sus mejillas; se tapó la cara, agachó la cabeza sobre la mesa y sus hombros comenzaron a sacudirse en un llanto profundo. El pequeño huérfano había encontrado a alguien que jamás lo abandonaría ni abusaría de él. ¡Alguien que estaría con él para siempre!

Misha entendió lo que significa realmente la Navidad: el nacimiento de Jesús, el cual se pone siempre al lado de los niños abandonados por sus padres; el nacimiento de Jesús, el cual acepta consigo a los parados, a los desahuciados de sus pisos embargados; el nacimiento de Jesús, el cual se queda con tres niños menores (de 10 años el mayor) que están sufriendo mucho, porque sus padres, que trabajan los dos y que tienen buenos sueldos, que tienen dos casas y que tienen dos coches…, se están separando ahora mismo y cada uno tira de los hijos para sí; el nacimiento de Jesús…

¡Nos ha nacido el Salvador! ¡Aleluya! ¡Santa Navidad!