7-6-26 CORPUS
CHRISTI (A)
Dt. 8,2-3.14b-16a; Slm. 147; 1 Co. 10, 16-17; Jn. 6,51-59
Homilía en vídeo.
Homilía de audio.
Queridos hermanos:
Celebramos
hoy la festividad del Corpus Christi, es decir, del Cuerpo y de la Sangre de
Nuestro Señor Jesucristo. Esta fiesta del Corpus Christi es un Misterio muy
rico y que tiene muchos matices: orígenes e historia de la fiesta, Adoración
eucarística, ritos y significado de los mismos, comunión con Dios y comunión
con los hermanos, sacrificio... En el día de hoy quisiera fijarme en Jesús como alimento.
1) Alimento-Presencia: Este aspecto escandalizó hace dos mil años a
muchos discípulos de Jesús y, por eso, lo abandonaron. Nos lo dice el evangelio
de San Juan: “‘Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que
coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la
Vida del mundo’. Los judíos discutían
entre sí, diciendo: ‘¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?’
Jesús les respondió: […] ‘Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre,
la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo
en él’. Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: ‘¡Es duro este
lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?’ Desde
ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de él y dejaron de
acompañarlo” (Jn. 6, 51-53.55-56.60.66). Durante siglos muchos cristianos tampoco
aceptaron estas palabras de Jesús y pensaron (y piensan) que en el pan y el
vino consagrados no estaba (ni está) realmente Jesús, sino que era SOLO una
especie de signo o símbolo, que nos recordaba a Jesús. En esta línea están, por
ejemplo, la mayoría de los protestantes e incluso muchos católicos de hoy en
día. Nosotros los católicos creemos y debemos creer en la presencia de Cristo
en el pan y en el vino después de la consagración. ¿Por qué lo debemos creer?
Pues porque es el mismo Jesús quien nos lo dice: “Tomad y comed, esto es mi
Cuerpo […] Bebed todos de la copa que es
mi Sangre” (Mt. 26, 26-28). O también lo que nos dice Jesús en el
evangelio de hoy: “Yo
soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo”
(Jn. 6, 51).
2) Alimento-Nutrición.
La alimentación consiste en el conjunto de actos voluntarios y
conscientes que van dirigidos a la elección, preparación e ingestión de los
alimentos. Una vez que metemos los alimentos en nuestra boca comienza la
nutrición, la cual consiste en los actos mediante los cuales se asimilan los
alimentos y los líquidos necesarios para el funcionamiento, el crecimiento y el
mantenimiento de las funciones vitales del hombre.
Necesitamos
alimentarnos de cereales, de legumbres, de frutas, de hortalizas, de carne y
pescado, de productos lácteos…, pues ellos nos dan vida, fuerza, nos permiten
trabajar, movernos y actuar. Sin los alimentos nos morimos; con pocos alimentos
nos enfermamos y estamos débiles. Pues lo
mismo que nuestro cuerpo y nuestra mente necesita alimentos para sobrevivir y
llevar una vida normal, también nuestra alma necesita alimentarse. Lo dice
la Biblia: “El hombre no vive solamente
de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4).
Dice Jesús en el evangelio de hoy: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.
Por eso decimos que la Misa, que la Eucaristía es un banquete. Sí Jesús está
realmente presente en el pan y en el vino consagrados en la Misa y si nosotros
comemos realmente el Cuerpo de Jesús, entonces Jesús nos nutre y nos
transforma. Somos nosotros quienes nos acercamos al templo, quienes
escuchamos la Palabra de Dios, quienes estamos con el resto de hermanos en la
fe y quienes nos ponemos en fila ante el sacerdote para que ponga en nuestras
manos o en nuestra boca el Cuerpo de Jesús. Una vez que lo tenemos en nuestra
boca y lo tragamos pasa a nuestro estómago y comienza la nutrición espiritual.
El Cuerpo de Cristo alimenta y hace crecer nuestra fe, nuestra paciencia,
nuestro amor a Dios y a los hermanos, nuestra ansia de Dios, nuestra felicidad,
nuestro sentido de pertenencia a la Iglesia, nuestra santidad de vida…
Y es el mismo Jesús quien parte y quien
reparte su Cuerpo entre todos nosotros para que nos alimentemos y nos nutramos
de Vida Divina.
3)
Alimento-Vida. Dice Jesús al final
del evangelio de hoy: “El que come este pan vivirá para siempre”.
El fiel que come a Cristo, y lo come bien y con sentido, con devoción y fe
puede seguir viviendo, pero, no sólo en el sentido de respirar, caminar,
hablar, trabajar…, sino y sobre todo en el sentido de tener a Dios en él, de
tener un porqué y para qué en su vida… Y todo esto es VIDA.
Una persona
que siempre iba a misa, escribió una carta al director de un periódico
quejándose de que no tenía ningún sentido ir a misa todos los domingos. “He ido a la Iglesia por 30 años,
escribía, en ese tiempo he escuchado algo
así como unos 3.000 sermones. Pero juro por mi vida, que no puedo recordar uno
solo de ellos. Por eso pienso que estoy perdiendo mi tiempo y los padres están
perdiendo su tiempo dando sermones”. Para al deleite del director, esto
empezó una verdadera controversia en la columna de ‘Cartas al Director’. Esto
continuó durante semanas hasta que alguien escribió esta nota: “He estado casado por 30 años. Durante ese
tiempo mi esposa me ha cocinado unas 32.000 comidas. Pero juro por mi vida, que
no puedo recordar el menú entero de todas esas comidas. Pero sé una cosa: Esas
comidas me nutrieron y me dieron la fuerza necesaria para hacer mi trabajo. Si
mi esposa no me hubiera dado todas esas comidas, estaría físicamente muerto
hoy. Igualmente, si no hubiera ido a la
Iglesia para nutrirme, ¡estaría espiritualmente muerto hoy! Cuando tú
no estás en nada.... ¡Dios sí está en algo! ¡La fe ve lo invisible, cree
lo increíble y recibe lo imposible! Da gracias a Dios por nuestra nutrición
física y simplemente di: Jesús, ¿podrías atender la puerta por favor? Creo en
Dios como un ciego cree en el sol, no porque lo ve, sino porque lo siente”.